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Sobre joaodealmeidasantos1

Professor universitário, escritor, poeta, pintor. Publicou várias dezenas de livros, seus e em co-autoria, de filosofia, política, comunicação, romance, poesia, estética. Foi professor nas universidades de Coimbra, Roma "La Sapienza", Complutense de Madrid e Lusófona (Lisboa e Porto). Publica semanalmente, neste site, ensaios, artigos, poesia e pintura.

Las TIC en los cambios laborales

“MEDIACIONES SOCIALES”

Revista UCM de Ciencias Sociales y de la Comunicación / ISSN electrónico: 1989-0494

Ligação à Revista “Mediaciones Sociales”

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Ballesteros Carrasco, Begoña (2012). Las tecnologías de la información y de la comunicación en los cambios laborales: análisis sociohistórico de 1970 a 2010. Tesis doctoral. Director: Manuel Martín Serrano. Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Ciencias de la Información, Sección Departamental de Sociología IV (Métodos de la Investigación y Teoría de la Comunicación).

João de Almeida Santos
Universidad Lusófona de Humanidades y Tecnologías, Lisboa – Portugal
joaodealmeidasantos@gmail.com 

Jueves, 25 de Junio, 2015

Comentario del Profesor João de Almeida Santos, como miembro del Tribunal, a la tesis doctoral de Begoña Ballesteros Carrasco.

 

Saludo a los ilustres miembros del Tribunal, a la doctoranda, al profesor Manuel Martín Serrano, Director de la Tesis, al profesor Francisco Bernete y, en especial, a mis alumnos de doctorado. Es para mí un gran honor participar en este Tribunal de Doctorado, en mi Universidad, en mi Facultad, donde, hace unos años, hice mi doctorado. Agradezco, pues, al Departamento de Sociología IV la amable invitación.

Agradezco sobre todo la excelente oportunidad que el Departamento me ha ofrecido de discutir una tesis tan interesante como la que nos propone la doctoranda Begoña Ballesteros Carrasco, presentándola hoy, aquí, en modo muy sugestivo, muy claro y eficaz. Además, oyendo los comentarios del profesor Vicente Baca sobre la tesis y su presentación, vemos confirmada nuestra primera impresión de la valía de la investigación y de la consistencia intelectual de su autora. Veamos.

1.– En primer lugar, interesante, la tesis, por su tema: las TIC y su influencia en los cambios laborales. O sea, la influencia de las tecnologías de la información y de la comunicación en el destino de nuestra civilización pos industrial, pos fordista y pos moderna, desde el punto de vista de las relaciones comunicativas, sociales y laborales. El tema es, pues, muy actual, muy importante y muy necesario, porque las TIC están cambiando nuestras vidas, a veces no en el mejor sentido, sobre todo cuando ellas tienden a volver residuales las relaciones comunitarias. Es mi convicción, por eso, que la Universidad deba dedicarse cada vez más a promover estudios como el que tenemos ante nosotros hoy, porque estudios como éste nos ayudan a comprender mejor el mundo en que estamos viviendo y, por consecuencia, a cambiarlo, como quería el viejo Marx, en sus tesis sobre Feuerbach. Comprenderlo, sí, pero también cambiarlo. Para mejor. Hablo de Marx porque me parece que en el horizonte crítico de la Tesis está muy presente Karl Marx. Me lo confirmará o no la doctoranda.

2.– Interesante también por la calidad de la tesis respecto a su estructura, al modo como ha sido diseñada. La tesis está organizada en modo muy racional, evolucionando de acuerdo con un objetivo muy claro: demostración de un uso social de las TIC favorable a las empresas y a la lógica, de corto plazo, del capitalismo financiero y especulativo y crecientemente penalizador, sea de la inversión productiva sea del trabajo asalariado.

Cumple, además, con los criterios científicos aplicables:

a) hipótesis claramente formulada y demostrada; 
b) conceptos muy definidos (aunque no tengamos en la tesis un capítulo dedicado a los conceptos usados); 
c) metodología muy clara; 
d) formulación del estado de la cuestión/state of art (aunque pudiera ser un poquito más exhaustiva); 
e) buena fundamentación conceptual y con suficientes indicadores cuantitativos;
f) significativa bibliografía especializada; 
g) rigor conceptual, escrita muy claramente y que evoluciona consolidando discursivamente las conclusiones, progresivamente alcanzadas; y éste es un aspecto que hay que valorizar mucho: la construcción muy cuidada y fundamentada del discurso.
h) conclusiones y formulación de una alternativa.

3.– Pero, interesante también porque esta tesis es una tesis, o sea, formula una hipótesis, la fundamenta y la defiende con buena argumentación. O sea, siendo las TIC potentes instrumentos de innovación, de productividad y de liberación de tiempo de vida, la verdad es que su uso social está evolucionando en sentido contrario, «sobredeterminado» (Althusser) que está por la lógica y las exigencias dominantes del capitalismo financiero y especulativo y de sus tiempos cortos y acelerados de ganancia:

(a) «plustrabajo» e invisibilidad del tiempo efectivo de trabajo;

(b) intensificación del tiempo de trabajo y su descalificación;

(c) desequilibrio entre productividad y salario;

(d) versatilidad laboral no reconocida del trabajador;

(e) «no desconexión» entre tiempo de vida y tiempo de trabajo;

(f) deslocalización de servicios con desempleo en su país de origen (véase la obra de Naomi Klein, No Logo, de 1999);

(g) creciente porcentaje de trabajo no pagado;

(h) individualización progresiva de las relaciones laborales con creciente debilidad de su cuadro normativo general;

(
i) contradicción entre innovación tecnológica y organización social;

(
j) mucho capital especulativo, poca inversión productiva (pp. 112-112), donde los Estados no exigen creación de empleo y inversión productiva, sino flexibilización del trabajo (pp. 134-35).

Estos son los resultados de la investigación. Resultados que hay que tener en buena cuenta porque evidencian muy bien uno de los aspectos más importantes del uso social de las TIC. Resultados que conducen, según la doctoranda, apoyada en indicadores confiables, a que los beneficios financieros de las empresas aumenten exponencialmente mientras disminuye exponencialmente la participación de las rentas directas del trabajo en las rentas nacionales. Porque: a) aumenta el paro; b) disminuyen los salarios; c) se intensifica el trabajo; d) y se prolonga su tiempo no pagado.



4.– Hay un párrafo muy significativo –que me ha gustado mucho– en la tesis que retoma –sin citarlo– al Marx de las «teorías sobre la plusvalía». Permitidme que haga la citación: 

«la utilización de los sistemas y aplicaciones digitales pueden vincularse con la obtención de plusvalía relativa, que es la aplicación económica habitual cuando surgen avances técnicos». «Pero también se pueden relacionar» dice, «esos usos tecnológicos con un aumento de la plusvalía absoluta». Y concluye: «se está regresando así a prácticas más propias de las primeras fases del capitalismo industrial, en donde la manera de extraer más valor de la mano de obra consistía en prolongar la jornada laboral». 

Perfecto. Estamos con Marx, con el Libro I de «Das Kapital» (¿porque no lo ha citado aquí y no solo en la bibliografía, sobre todo hoy que está tan olvidado?). Me ha gustado esta formulación también porque, siendo verdad, es una formulación un poquito menos drástica que la que encontramos en la pág. 201, donde se habla de modalidades de competencia más propias del capitalismo agrario. Me parece demasiado. Estoy, sin embargo, de acuerdo con lo fundamental: estamos ante una tendencia cada vez más fuerte para la desreglamentación del trabajo y para la discrecionalidad del poder propietario y administrativo ante el trabajo asalariado. Una regresión peligrosa que se está insinuando y que sucede a tantos años de difíciles conquistas sociales y que en la Unión Europea se pueden traducir globalmente con la expresión «modelo social europeo».

5.– La crítica, sí, es fundamental en una Tesis.

Pero, aquí, la doctoranda habría podido desarrollar, como ha sugerido el profesor Vicente Baca, un poco más las virtualidades de las tecnologías de la información y de la comunicación, sus aspectos positivos, los cambios extraordinarios y radicales que están provocando en nuestras sociedades, sea informativos, culturales o sociales, donde el individuo puede acceder sin necesidad de obtener permiso de ningún «gatekeeper» al espacio público, por ejemplo. O donde la velocidad de la comunicación y la accesibilidad a sus medios inducen una aceleración increíble a los procesos sociales materiales y inmateriales. Tecnologías que, así, forman parte substantiva de los procesos productivos y sociales, pero también de procesos políticos nuevos que están cambiando el mundo. ¡Nos acordamos del papel de las redes móviles en el cambio político español en las elecciones legislativas de 2004! Pero comprendo –y reconozco su legitimidad– la opción: crítica de la actual tendencia dominante del uso de las TIC por las empresas en el ambiente de capitalismo financiero global. Y comprendo muy bien el interés de la investigación cuando estamos viviendo y sufriendo, en los países que alguien –algún liberal de acero– denominó como PIGS, el más dramático ataque a las soberanías nacionales en Europa proveniente del capitalismo financiero global y de sus agentes internacionales, incluidas las tres famosas agencias de notación financiera (Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch) y algunos bancos demasiado ambiciosos, para no decir peor, como, por ejemplo, el Goldman and Sachs.

O sea, la tesis enfoca un importante aspecto estructural de la crisis internacional que estamos viviendo, siendo esa la legítima opción de la doctoranda, pero habría también podido enfocar más detalladamente los aspectos positivos de las TIC en sus múltiples usos sociales y las potencialidades que ellas contienen para superar la situación actual, también en su componente política, en sus potencialidades críticas ante la opinión pública, hacia una «democracia de los ciudadanos» (Castells), más allá de la «democracia del público» o de la «televisual democracy».

Otro aspecto crítico que, antes de terminar, me gustaría evidenciar son las pocas referencias explícitas a los clásicos. Digo explícitas porque ellos están claramente presentes. Por ejemplo, Marx y su «teoría sobre la plusvalía», como hemos visto. Pero, creo también que hay un autor que está muy presente, aunque sin referencia explícita: Althusser y su concepto de «surdetérmination», desarrollado en su libro «Pour Marx» (Paris, Maspero, 1965). Trátase de un autor muy influente en los años 60, en el 68, y no solo en Francia, tiempos revolucionarios de la generación de muchos de los miembros que forman parte de este Tribunal. Este concepto ocupa una posición muy central en el discurso de la tesis, pues que permite relacionar el uso social de las tecnologías con las condiciones generales de su propia existencia, en el ambiente del capitalismo financiero y especulativo global, siendo claro que las tecnologías no son neutrales, puesto que su uso social es «sobredeterminado» por sus mismas condiciones de existencia, por la totalidad social: por el Estado, el derecho, las organizaciones sociales y políticas, por la ideología, por el contexto mundial, etc., elementos que forman parte del ambiente general que «sobredetermina» los procesos, actuando como una verdadera «presión ambiental».

O sea, la contradicción existente entre capital y trabajo centrada en el uso laboral de las TIC no es lineal o simple, sino compleja porque está «sobredeterminada» por múltiples factores exógenos. Cambiando estos factores cambiará también su uso social. Althusser dixit. Marx también. Pero el problema reside ahora, como decía muy bien el profesor Younis Hernández, en la función que la voluntad social juega en todo este proceso: ¿como cambiar el juego de fuerzas en nuestras sociedades, evitando un mal uso social de las TIC? ¿A través de la política? ¿Actuando sobre la opinión pública? ¿Qué nuevo paradigma para el siglo XXI, puesto que ya disponemos de medios muy fuertes, las TIC, por ejemplo, para producir efectos disruptivos en los viejos mecanismos de dominación, sea respecto al modo de producción pos-industrial, sea respecto al modelo de organización y de intervención política ciudadana o al viejo modelo mediático de comunicación y de dominación?



6.– Mis consideraciones críticas quieren evidenciar sobre todo dos cosas:

1º) que la tesis tiene una excelente calidad y que, por eso, en caso de publicación;

2º) sería muy interesante no mantenerla solo con una «pars destruens», pero también presentarla con una nueva «pars construens» relativa a las TCI y al sistema social en general, incluso si esta «pars construens» se presentara solo – lo que ya es muchísimo – como un «principio de esperanza», en el signo de Ernst Bloch y de su «Das Prinzip Offnung» (1954-59), una verdadera «utopía positiva».

Muchas gracias, y, una vez más, mis felicitaciones a la doctoranda.

Política, sociedade e tecnologias da informação [1]

(Oração de Sapiência – Lisboa,ULHT. Dia da Universidade, 12.04.2014)

Nova versão

JOÃO DE ALMEIDA SANTOS  (*)

Resumo.

A política e a comunicação estão a passar por profundas transformações que atingem a sua própria estrutura nuclear. Elementos decisivos nestas transformações são as TICs e a Rede. Em particular, as plataformas móveis de comunicação ocupam não só um lugar muito especial e relevante nestas realidades como representam de forma muito significativa uma ruptura relativamente às velhas plataformas de comunicação incidindo designadamente na própria configuração dos agentes da comunicação e da política, ao ponto de induzir um novo tipo de poder que, na feliz expressão de Jesús Timoteo Álvarez, designamos por “poder diluído”. Esta transformação atinge a democracia no seu núcleo essencial deslocando a sua centralidade das grandes organizações para os cidadãos singulares e inaugurando uma nova “democracia de cidadãos”, onde a realidade digital ocupa um lugar muito importante, quer como esfera de auto-organização política e comunicacional da cidadania quer como espaço onde se afirma um novo conceito de poder.

Palavras-chave: TICs, Prosumer, Plataformas Multimédia Móveis, Comunicação Individual de Massas, Catch all Net

 Abstract

Politics and communication are undergoing deep changes that affect their own nuclear structure. Decisive elements in these transformations are the ICT and Internet. Particularly, mobile communication platforms have not only a very special and important place in these realities, but they also represent a very significant disruption respect classic media platforms, focusing particularly on the own configuration of the communication and politics agents, inducing a new kind of power that Jesús Timoteo Álvarez called “diluted power”. This transformation affects democracy in its essential core, shifting its centrality from great organizations to individual citizens and promoting a new “democracy of citizens”, where digital reality occupies a very important place, either as political and communicational self-organization of citizenship or as a space where a new concept of power is gaining ground.

Keywords: ICT, prosumer, mobile multimedia platforms, mass-self communication, catch all net

  1. O FIO CONDUTOR DA MINHA REFLEXÃO SOBRE POLÍTICA, TICs E SOCIEDADE será o das tecnologias: Política, Sociedade e Tecnologias da Informação. Porque são elas que hoje estão a provocar uma autêntica revolução civilizacional com os paradigmas da modernidade a ficarem definitivamente superados, embora, como dizia o filósofo, o antigo acabe e o novo tarde a afirmar-se. A discussão é antiga. Em que medida as tecnologias são o grande motor das transformações sociais? E a resposta mais comum foi sempre a de que elas são meros instrumentos ao serviço da vontade dos homens e das sociedades. Recordo a posição do marxista Nicolai Bukharin – uma das vítimas de Estaline – sobre a centralidade da técnica nas transformações sociais, na sua famosa Teoria do Materialismo Histórico, de 1921[2]! Mas recordo também a crítica que lhe fizeram Lukács e Gramsci. Lembro também as surpreendentes posições de Lenine sobre a necessidade de introduzir o taylorismo como factor de desenvolvimento da União Soviética. E em geral lembro a importância da imprensa, com Gutenberg, da maquinaria industrial ao serviço da revolução industrial, da introdução do telex nas comunicações, da rádio, da televisão, da robótica industrial, da Internet. Todas elas marcaram momentos decisivos na evolução da humanidade.
  2. Sem dúvida que a tecnologia sempre teve um papel decisivo na evolução das sociedades. Quando Adam Smith, em A Riqueza das Nações, em 1776, fala da divisão do trabalho como a base essencial para o aumento da produtividade, um dos três factores decisivos para isso era precisamente o da introdução das máquinas no processo produtivo[3]. O próprio Marx defendera, em O Capital, a importância decisiva da tecnologia na produção da mais-valia relativa, substituindo a produção de mais-valia absoluta obtida pelo prolongamento de jornada de trabalho. A Ciência e a Tecnologia haveriam de se tornar nas principais forças produtivas. Cito um exemplo. Nos anos 1980, a FIAT informatizou e robotizou o processo de produção dos Fiat Mirafiori. Conseguiu, deste modo, em dez anos, duplicar a produção de automóveis por operário e quase quadruplicar o valor acrescentado por operário[4]. O avanço que, entretanto, se verificou na robótica industrial e nas tecnologias da informação e da comunicação veio a produzir uma autêntica mudança epocal: passámos definitivamente a uma era pós-fordista, pós-industrial e pós-moderna do ponto de vista das relações sociais, produtivas, de trabalho, existenciais e comunicacionais.

 

Mobilidade e inteligência tecnológica

  1. Mas há, no meu entendimento, dois momentos fulcrais que marcam uma profunda rotura de paradigma nesta evolução. Um deles reside precisamente na incorporação de inteligência na tecnologia, na directa conversão tecnológica da ciência, na passagem do hardware ao software, na passagem da fase mecânica para a fase da inteligência artificial. Poderia exemplificar com a robótica industrial: a construção dos robots de comportamento não determinístico, robots que conseguem corrigir os próprios erros. Isto sem referir as utopias tecnológicas que prevêem uma robótica dotada de sentimentos e emoções. Todos nos lembramos do Supercomputador Hal de 2001 Odisseia no Espaço, de Stanley Kubrick, um filme de 1968.

O outro momento verifica-se na passagem para as tecnologias móveis, que não conhecem fronteiras nem territórios, nem estão dependentes de pesadas estruturas industriais e de altos níveis de desenvolvimento económico para a sua operacionalização. Ou seja, para as tecnologias que podem ser accionadas em qualquer contexto. É este aspecto que marca a diferença entre uma revolução industrial e uma revolução pós-industrial.

  1. De facto, a posição que se possa tomar sobre o papel da tecnologia nas transformações sociais e na evolução civilizacional deverá tomar estes dois aspectos em consideração. São eles que explicam a crescente relevância da tecnologia, uma vez que a mobilidade e a inteligência tecnológicas induziram um verdadeiro salto qualitativo na influência da tecnologia sobre as transformações sociais. Ou seja, a tecnologia deixou de funcionar como uma mera prótese externa da acção humana para passar a funcionar como prótese interna. Deixou de funcionar como um mediador puramente instrumental e mecânico entre o homem e o seu ambiente externo. Nesta passagem, a tecnologia acabou por assumir a forma de uma prótese interna, produzindo mutações de natureza quase genética no aparelho cognitivo e sensorial dos utilizadores.

Se nos tempos tayloristas d’Os Tempos Modernos (1936), de Charlot, tínhamos a robotização do operário industrial, a que, de resto, se acrescentava o fordismo existencial[5], agora, com a sofisticação das TICS e da nova robótica a incidência da tecnologia sobre a nossa estrutura interna é ainda mais complexa e sofisticada. Ou seja, não só a tecnologia passa a funcionar como sofisticada prótese, interna e externa, cognitiva, sensorial, mecânica e instrumental dos utilizadores, mas dela desprende-se também uma nova qualidade emergente: uma capacidade reforçada de capturar os próprios utilizadores, de colonização digital dos comportamentos e atitudes. Como? Sobrepondo-se de tal modo às relações interpessoais ou orgânicas que estas acabam por se tornar realmente residuais. De facto, as plataformas multimédia móveis não só já se tornaram imprescindíveis aos utilizadores, como já os mantêm capturados como membros de uma comunidade digital cada vez mais invasiva e poderosa.

Elas transmitem uma sensação de poder quase ilimitado que lhes advém do acesso ao espaço público universal. Na dupla condição de receptor e de pesquisador de informação, mas também de protagonista virtual como produtor de conteúdos. Prosumer: produtor e consumidor. Mas não só. Estas plataformas já saíram do virtual descendo ao plano orgânico das relações sociais, colonizando-as ou accionando-as, promovendo-as ou tornando-as residuais. E vieram para ficar, aumentaram a sua importância nos processos sociais, sofisticaram-se e aumentaram o poder dos utilizadores. Mas sobretudo elas ficaram em condições de gerar o seu próprio ambiente, constituindo-se como sistemas diferenciados, e dotados de capacidade autopoiética e de autonomia operativa, como queria Luhmann. Rede, Redes Sociais, Plataformas multimédia móveis. E é precisamente pelo seu carácter móvel que estas plataformas fazem descer a rede ao nível das relações interpessoais e comunitárias: por um lado, no plano macro, mobilizando-as quer na esfera virtual quer na esfera orgânica; e, por outro lado, no plano micro, colonizando as relações interpessoais e comunitárias ao ponto de as desvitalizarem. Há na net fotos de amigos em convivência… mas com todos menos com aqueles que ali se encontram fisicamente ao seu lado! E se é verdade que elas são um factor impressionante de produtividade, também é verdade que elas podem pura e simplesmente anulá-la se usadas indevidamente no próprio ambiente de trabalho. Mas também acontece que elas podem colonizar o próprio tempo de vida quando passam a funcionar como ininterrupto instrumento de trabalho.

  1. Esta última questão tinha sido posta a propósito do papel da televisão na desestruturação do ambiente comunitário familiar quando foi vista como um intruso que capturava a atenção de todo o núcleo, provocando um imenso ruído na convivência familiar. Intruso que ainda por cima provocava uma radical transformação da geografia situacional dos próprios indivíduos e grupos sociais. Como bem demonstra Joshua Meyrowitz, num excelente livro de 1985, No Sense Of Place, a televisão veio determinar o fim da compartimentação da comunicação relativa a grupos sociais (por exemplo, nas relações entre crianças/adultos ou homens/ mulheres) ou mesmo o fim da compartimentação de planos (por exemplo, entre os bastidores e o palco da política ou entre o privado e o público)[6]. Tudo converge para o ecrã. Sabemos que este processo se tornou socialmente intenso a partir dos anos ‘60 com o crescimento exponencial da socialização televisiva. Esta compartimentação já fora, na origem, destroçada pelo transístor, fruto da revolução da microelectrónica nos anos 1940. O transístor rompeu, em relação à rádio convencional, a geografia situacional do ouvinte, uma vez que alterou a estrutura fixa dos espaços compartimentados da audição, derrubando paredes e fronteiras, descomunitarizando a audição e tornando a audição rádio um acto sem sentido de lugar e, sobretudo, um acto singular, não comunitário. É certo que a televisão convencional, como a velha rádio, ainda continua a processar-se em espaços com fronteiras e em comunidade, mas o essencial é que ela já migrou para as plataformas digitais e em rede, passando a processar-se no interior de outro modelo de comunicação. Tal como a rádio. Mas esta já produzira uma rotura interna no modelo de comunicação via imprensa. A imprensa exigia descodificação analítica da mensagem e literacia para permitir participação no processo comunicativo. Mas a rádio não, uma vez que a audição rádio solicita simplesmente os mesmos mecanismos sensoriais que usamos na vida quotidiana, não exigindo outros compromissos operativos, cognitivos ou sensoriais.

Mas a verdade é que o sistema operativo interno da televisão, que manteve – antes de migrar para a rede – a geografia situacional do telespectador numa posição muito semelhante à da rádio tradicional, veio superar as barreiras tradicionais, uma vez que, funcionando essencialmente com base na imagem, passou a ter uma capacidade de projecção universal, um dispositivo capaz de impor o presente como tempo dominante e de romper com a compartimentação do real, derrubando fronteiras. Mas possuía também:

 

  1. a capacidade de dilatar e expandir o real para além das suas dimensões físicas (um estádio de futebol é maior em televisão do que na realidade; tudo é maior em televisão – até a importância das pessoas);
  2. a capacidade de transfiguração das relações de representação, num efeito de proximidade e de banalização: um pivô de telejornal pelo facto de nos entrar todos os dias pela casa dentro transforma-se, no real, num velho conhecido muito familiar a quem podemos abordar e tratar por tu na rua; ou
  3. a capacidade de alterar a natureza dos fenómenos sociais, propondo-nos um efeito de repetição/replay daquilo que, afinal, é único e irrepetível: ao perder em pleno estádio de futebol um golo da minha equipa, fiquei por momentos à espera do replay, tal era o hábito de ver futebol na televisão[7].

 

Ou seja, a televisão passou a funcionar não só como uma nossa prótese cognitiva externa, mas também como uma nossa autêntica prótese cognitiva interna no plano das nossas relações sensoriais, perceptivas e cognitivas.

Tudo isto revolucionou a comunicação, que antes era própria da imprensa tradicional ou da rádio que, de resto, como vimos, também introduziu importantes mutações no processo comunicacional relativamente à imprensa.

A descomunitarização da comunicação

  1. Mesmo assim, a televisão, até a digital, ainda surge essencialmente como uma prótese, uma plataforma externa. Tal como os computadores fixos. Tal como a rádio convencional, antes do transístor. Na verdade, o grande salto consistiu na introdução destas plataformas multimédia móveis que dispõem de sistemas operativos altamente sofisticados e capazes de nos autonomizar relativamente à comunidade, às fronteiras, ao território. Elas, com efeito, à semelhança do que acontecera com o transístor, vieram permitir a descomunitarização total da comunicação, o acesso individualizado, imediato e sem limites à informação e à livre entrada no espaço público universal, na condição de Prosumer. Uma descomunitarização que pode até provocar um forte ativismo social (as redes sociais) ou, então, o seu contrário, a desvitalização das relações comunitárias ou interpessoais, por efeito de sobreposição[8].

Se é verdade que a rede já representa uma revolução tecnológica absolutamente radical ao ponto de estar a induzir uma revolução civilizacional, mais profunda se torna quando ela se processa agora através de plataformas multimédia móveis que tornam os indivíduos completamente independentes e detentores de um poder de relacionamento à distância que nunca se verificou no passado. De resto, o modelo de comunicação da rede que as suporta é um modelo completamente novo em relação ao anterior modelo de comunicação social: ele está estruturado numa lógica relacional onde os sujeitos da comunicação funcionam como variáveis independentes num imenso espaço intermédio onde todos se relacionam com todos, dando lugar àquilo que Manuel Castells chama mass self communication, comunicação individual de massas, bem diferente daquela mass communication accionada pelo velho modelo mediático de comunicação, assente na relação emissor-receptor, sujeito-objecto ou produtor-consumidor. A rede, pelo contrário, introduz a dimensão individual e subjectiva no interior no processo de massificação da comunicação, conjugando qualidade com quantidade, substância e função, de forma absolutamente eficaz. O que é radicalmente novo.

  1. Mas se é verdade que se estão a processar profundas mudanças na comunicação e, portanto, na sociedade, também é verdade que estas mudanças se estão a produzir, em formato muito variável, na própria política. Quem estude a evolução das relações entre política e comunicação a partir dos anos cinquenta do século passado pode verificar como se tornou central no processo político a televisão, colonizando a narrativa política. É certo que o audiovisual já chegara à narrativa política no período das grandes ideologias. Falo do cinema e da propaganda política do nazismo, por exemplo. Falo de Leni Riefenstahl, do filme Triumph des Willens e dos 700 mil figurantes que, em 1934, encheram a cidade de Nuremberga, esse imenso palco onde Hitler aterrou como deus ex-machina que resolve todos os problemas que a Alemanha tem, a partir de uma sua imagem endeusada[9]. Mas falo também dos sofisticados filmes de Eisenstein e da glorificação da União Soviética: de Alexandre Nevsky a Ivan o Terrível. Falo da própria rádio, que foi utilizada como importante instrumento político por Roosevelt, nas suas famosas conversas à lareira. Sim. Mas a verdade é que a grande viragem se deu, de facto, com a televisão. Todas as técnicas de comunicação política acabaram por convergir, a partir dos anos ’50 do século passado, no sentido de um uso eficaz do monitor como instrumento central para a conquista do consenso: a imagem, a personalização, o uso de filtros, os primeiros planos, a composição de cenários, a simplificação do discurso, as campanhas negativas, a escolha dos tempos de comunicação, a informação como narrativa-ficção – tudo isto integrou a comunicação política, que acabou também por evoluir das campanhas eleitorais para as permanent campaignings, da lógica dos spots televisivos para a propaganda travestida de informação, nos noticiários, em prime time. Ficou célebre a famosa aterragem de G. W. Bush no porta-aviões Lincoln, aquando do regresso dos soldados americanos do Iraque em 2003: um Bush top-gun presidencial futuro adversário do medalhado de guerra John Kerry. A verdade é que a informação sob forma de narrativa audiovisual permite construir um discurso mais eficaz e fechado onde os pequenos truques ou mentiras não podem ser desmontados com eficácia. Onde a dicotomia verdade-mentira fica, aos olhos do grande público, esbatida na complexidade da textura narrativa. E, por isso, este modelo de comunicação é o mais adequado à promoção das técnicas spinning que têm dominado a comunicação política actual e onde se evidenciaram nomes como Karl Rove (o operacional de George W. Bush), Alastair Campbell ou Peter Mandelson (os dois principais operacionais de Tony Blair) ou o do Patrão da Fox, Roger Ailes, consultor de vários Presidentes americanos e mesmo europeus. É também conhecida a evolução do White House Office of Communications, a partir da Presidência Nixon, no sentido de uma evolução de informação para comunicação em registo narrativo e ficcional, sobretudo em torno da figura do Presidente, mais adequado à produção instrumental de efeitos especiais sobre o discurso público do que a um registo simplesmente informativo, objectivo e descritivo[10]. Veja-se o filme Wag the Dog, Manobras na Casa Branca. Nesta passagem, a televisão ocupou um lugar muito relevante, ao ponto de, logo nos anos 1960, com John Kennedy, se ter dado início a sessões presidenciais de media performance. E mais recentemente, com Berlusconi, em 1993-1994, a selecção dos candidatos a deputados por Forza Italia, o seu partido, ser feita através de performances televisivas, durante uma semana.

O modelo em causa no universo de comunicação política que acabo de referir é um modelo de tipo vertical, onde a comunicação é sempre gerada, trabalhada e difundida a partir de um centro que a difunde para o exterior, para milhões ou, mais precisamente, para as massas, o público, os consumidores, os clientes. Este é um modelo próprio da sociedade de massas, de uma sociedade de consumidores exógena ao processo de produção da informação.

Do prosumer ao poder diluído

  1. Ora eu creio que a política e a comunicação estão a conhecer uma mutação estrutural profunda, com alteração radical de paradigma. Trata-se da sociedade de massas, de um cidadão-consumidor de mercadorias simbólicas, da própria ideia de “público”. Se é verdade que no domínio dos bens transaccionáveis a natureza da relação entre produtor e consumidor ainda se mantém de certo modo inalterada, já no domínio da Informação e Comunicação esta relação, com a emergência da Rede, conheceu uma mudança estrutural radical. Ou seja, os conceitos de massas e de comunicação conheceram uma autêntica transfiguração, passando o indivíduo singular a ganhar um protagonismo que não lhe era reconhecido nem possibilitado pelo anterior modelo de comunicação, muito mais amigo de uma cultura das grandes organizações. Este novo modelo é o modelo digital e reticular que funciona como um ilimitado espaço intermédio onde a comunicação passa a ocorrer como fluxo entre variáveis independentes. Numa lógica relacional. E, assim sendo, tudo muda na comunicação. De resto, toda a comunicação está a migrar para a rede. Porquê? Não só porque esta se está a impor a um ritmo verdadeiramente impressionante, mas sobretudo porque o modelo digital e reticular de comunicação está em condições de acolher no seu seio, potenciando-o, o velho modelo mediático, com o qual é totalmente compatível, embora com ele não seja intercambiável. Ritmo impressionante, dizia: em Portugal, num ano (de 2010 para 2011), o Facebook cresceu em implantação 11%, passando de 25% para 36% da população. Em 2012 já representava quase metade da população. Em finais de 2015 (Novembro) já era de 53,97%, correspondendo os users de Internet a 67,6% do total da população. Na China, em dez anos (2003-2012), os utilizadores da Rede passaram de 59 milhões para cerca de 536 milhões. Em Itália, o M5S tem sede em http://www.beppegrillo.it[11]. É um partido digital que quer uma cidadania digital e uma democracia digital. E só tem cerca de 7 anos de existência.

E, todavia, este novo modelo introduz uma nova lógica que tende cada vez mais a destroçar a velha. Ou seja, se o velho modelo era sobretudo funcional às grandes organizações (grandes partidos e grandes media), que dominavam e tornavam exclusivo o acesso ao espaço público, subalternizando e controlando totalmente o livre exercício da cidadania comunicacional (o famoso gatekeeping), pelo contrário, o novo modelo é mais funcional ao indivíduo singular do que às grandes organizações.

  1. E porque é que é este novo modelo digital é mais funcional ao indivíduo singular do que às grandes organizações?

Precisamente porque a rede é:

(a) directamente acessível, sem mediações, em todas as suas potencialidades;

(b) mas também porque é universal e instantânea;

(c) porque, nela, a comunicação é feita entre variáveis independentes (e não na óptica da relação sujeito-objecto), onde a determinante é a relação e não os seus membros;

(d) porque nela não há hierarquias;

(e) e porque não está sujeita ao chamado gatekeeping, ao establishment mediático.

Tudo isto coloca o cidadão em condições não só de se informar em todas as direcções, mas também, e sobretudo, de se protagonizar livremente no espaço público, bastando-lhe para isso apenas capacidade, saber e criatividade.

  1. O novo conceito é, pois, prosumer, produtor e consumidor.

O que está a acontecer não pode deixar de ter implicações quer no plano da política quer no plano dos media. É verdade que todas as organizações já estão presentes na Rede. Mas, na generalidade, não estão lá com a lógica da rede. Estão lá, sim, numa lógica instrumental, a sua própria lógica. E a verdade é que a lógica da Rede é mais a do poder diluído do que a do poder das organizações. Uma lógica de auto-organização. Não de etero-organização. O que pretendo dizer é que as grandes organizações, media ou partidos, estão modeladas, em termos de comunicação, com a lógica inscrita na relação simples entre sujeito e objecto ou entre produtor e consumidor, mas não com a lógica do prosumer e do poder diluído. É por isso que elas tentam colonizar a rede, replicando as relações de força externas.

Catch all Net

  1. Quando se procurou caracterizar os partidos em busca de uma nova forma, nos anos 1980 – por exemplo, os trabalhistas ingleses, evoluindo do Labour para o New Labour de Neil Kinnock, John Smith e Tony Blair – o nome que se encontrou foi Catch all Parties. Por sua vez, para designar os correspondentes media também foi possível falar em Catch all Media, dadas as semelhanças entre os grandes partidos com vocação governativa e os grandes media: a procura do grande centro e da chamada middle class. São esses media que Daniel Hallin e Paolo Mancini identificam com o modelo liberal, o modelo dominante[12]. Estes media e estes partidos, enquanto organizações, libertaram-se muito da pressão político-ideológica, da representação de classe, olhando mais para a sociedade como mercado, intensificaram o nível de profissionalização, centralizaram o poder decisional, passaram a ser intérpretes das expectativas difusas das audiências ou do eleitorado.

Tudo isto é verdade e representa uma evolução interna da narrativa mediática e política. Certamente, mas, entretanto, a Rede veio romper com esta evolução linear e com este modelo próprio da sociedade de massas. Deste modo, depois dos Catch all Parties e dos Catch all Media, poderíamos então falar de Catch all Net.

Barack Obama, num modelo altamente personalizado de exercício da política, e com um imponente back-office partidário na retaguarda, o Partido Democrata, na sua campanha eleitoral conseguiu, através da Rede, 67% do total dos cerca de 600 milhões de dólares da sua primeira campanha. O que diz muito sobre a capacidade catch all da Rede. Se verificarmos a sua taxa de cobertura nos principais países desenvolvidos ficamos impressionados com os números, em particular se comparados com as taxas de leitura da imprensa. Falamos de níveis de cobertura da Rede, para 2012, equivalentes a 55.2 %, em Portugal (Novembro de 2015: 67,6%), a 79.6 %, em França (83,8%), a 78.1 %, nos USA (87,4%), ou a 83.0 %, na Alemanha (88,4%)[13]. Mas, se fizermos uma comparação entre as taxas de cobertura da Rede e da imprensa escrita em Portugal e as que se verificam nos outros países o diferencial é enorme no que toca às taxas de cobertura de jornais, sendo muito menor no que toca à Rede. E menor ainda se olharmos para o crescimento exponencial que se está a verificar no Facebook: mais de metade da população.

Uma democracia de cidadãos

  1. A política democrática não pode, por isso, deixar de reflectir esta mudança estrutural. Julgo ter demonstrado, num ensaio que publiquei na Rede[14], que o modelo mediático de comunicação só é simétrico ao modelo inscrito na democracia representativa no plano do sujeito do discurso, ou seja, os media ocupam um lugar equivalente ao dos partidos, sendo ambos sujeitos de discurso, um, de informação, o outro, de propostas políticas. Mas não é simétrico no plano do consumidor, já que este não equivale exactamente ao cidadão, porquanto não possui uma verdadeira função constituinte como, pelo contrário, acontece com os cidadãos eleitores relativamente ao sistema político representativo (na fase constituinte, mas também na renovação sistemática do contrato social). De facto, uma das críticas que hoje é feita à política é a de ter permitido (colaborando activamente nisso) uma autêntica transmutação do cidadão activo em mero espectador da representação política, quando o que deveria ter acontecido era a transmutação do espectador em cidadão activo. Foi essa, de resto, no plano estético, no teatro, a intenção de Bertolt Brecht quando introduziu o conceito de efeito de distanciação (Entfremdungseffekt).

Ora, o que veio a acontecer com a Rede é que, nela, o prosumer possui, tal como o cidadão, capacidade constituinte, precisamente enquanto prosumer. Verifica-se, assim, na minha perspectiva, uma simetria perfeita entre os dois modelos: o da Rede e o da democracia representativa. Ou seja, o que se verifica é que o clássico modelo de funcionamento dos partidos e dos media não era totalmente simétrico relativamente à estrutura de funcionamento prevista pela própria democracia representativa. Pelo contrário, essa simetria viria a acontecer com a Rede. E, todavia, o que agora falta (em parte) é o equivalente político, visto que a lógica organizacional dos grandes partidos ainda continua a prevalecer. Mas, como vimos nas últimas autárquicas em Portugal, de 2013, o sistema convencional de partidos começa sofrer uma forte concorrência pelas novas formas de auto-organização da cidadania, que usam abundantemente as redes sociais como forma privilegiada de mobilização. Elas representam, com efeito, uma forma de emancipação política individual e pós-partidária. E são já provavelmente a terceira força política, pelo menos no plano autárquico.

E este é já o mundo dos prosumers políticos.

Na verdade, e ainda que se admita que o modelo partidário acaba sempre por ter como destinatário, a jusante, um cidadão com poder constituinte, no modelo mediático de comunicação o consumidor mantém-se passivo, não tendo capacidade constituinte sobre o espaço público, que mais não seja porque está sempre sujeito ao poder de gatekeeping exercido inapelavelmente pelo establishment mediático. A simetria mantém-se, assim, imperfeita no plano da equivalência entre consumidor e cidadão. Em qualquer caso, e ainda que a subjectividade partidária tenha vindo, a montante, a reduzir cada vez mais o cidadão a um mero consumidor de produtos políticos, a verdade é que o cidadão mantém sempre, a jusante, uma capacidade constituinte originária, que repousa na sua capacidade de voto. E ainda que, acrescente-se, a legitimidade de mandato já não seja o que era, isto é, tenha sido substituída, em grande parte, por aquela que eu designo como legitimidade flutuante, uma legitimidade ao sabor das flutuações da opinião pública. E ainda que, diria mais, ao cidadão não tenha restado senão uma função designativa, ou seja, a da simples escolha dos representantes que não a de dar uma estável e permanente legitimidade de mandato.

Mas, então, com esta nova realidade, verifica-se que o poder diluído é aquele que melhor corresponde quer à Rede quer à democracia representativa? Caminhamos para uma democracia de prosumers? Não de partidos, mas de cidadãos?

  1. O que pretendo demonstrar com este discurso é que tudo aponta para a inauguração de um novo ciclo na secular evolução da democracia. E esse novo ciclo tem tudo a ver com a revolução na comunicação, com uma radical mudança de paradigma, lá onde a centralidade do indivíduo descoberta e proposta com a instauração do sistema político representativo viria a conhecer um impulso decisivo, ao resolver o duplo handicap de passividade política e informativa de que continuava a ser portador o cidadão eleitor. É certo que os media, da imprensa ao audiovisual, foram decisivos para a consolidação das duas fases de desenvolvimento da democracia, que são conhecidas como democracia de partidos (século XX) e democracia do público (finais do século XX e início do século XXI). Mas foi com a emergência da Rede que a individualidade se pôde começar a informar livremente à escala universal e livre de barreiras físicas à satisfação da sua curiosidade, mas também a exprimir-se publicamente com a liberdade de quem não tem que pedir autorização aos guardiões do espaço público, num registo que, afinal, será eticamente bem mais exigente do que todos os códigos éticos que conhecemos até aqui. Um registo que é equivalente ao que marca o gesto singular do cidadão quando, na solidão da urna de voto, exerce o seu direito de reconstituição e de relegitimação do poder no signo daquele que é certamente o lapidar princípio da democracia representativa e que foi formulado por Kant, na Fundamentação da Metafísica dos Costumes, com o nome de imperativo categórico: «age como se a máxima da tua vontade pudesse valer ao mesmo tempo e sempre como princípio de uma legislação universal»[15]. Ou seja, no voto, o princípio da liberdade está conjugado à máxima potência com esse outro princípio, tão esquecido: o princípio da responsabilidade. Neste sentido, e quer no plano da comunicação quer no plano da decisão político-eleitoral, a lógica digital e da rede induz uma exigência de responsabilidade muito mais intensa e ampla do que a lógica mediática, porque ela interpela o cidadão singular para além das afinidades corporativas reunidas em torno de um qualquer código ético ou deontológico. E esse cidadão singular é cada vez mais um centro complexo de decisão, de informação e de comunicação, mas também de pertenças múltiplas, lá onde comunicação e política convergem em unidade perfeita. É por isso que eu digo que entre a Rede e a Democracia existe uma simetria perfeita. E é por isso que, ao contrário do que poderia parecer, o meu não é um discurso pessimista.
  1. Finalmente. Pela Rede podemos ver que a comunicação não é uma variável exógena ao sistema democrático, mas sim uma variável interna do próprio sistema. E tão importante que acabará por determinar mutações tão profundas no sistema que levarão a uma autêntica integração e superação dos modelos até agora conhecidos: a política evoluirá de tal forma que acabará por produzir uma nova forma de democracia que, sem destruir o sistema representativo, possa ao mesmo tempo incorporar a democracia directa, agora não através de mecanismos imperativos de natureza comunitária ou sequer dos clássicos meios já praticados, como, por exemplo, o referendo, mas sim através de um recentramento do papel do indivíduo singular, enquanto cidadão activo, na regular reconstrução da legitimidade do poder. Aqui o indivíduo, pela primeira vez na história, não é dissolvido na comunidade, nas formas organizacionais ou nessa multidão solitária que constitui materialmente a sociedade de massas. É neste registo que eu valorizo a intuição genial do Manuel Castells quando nos propõe esse feliz conceito de mass self communication, de comunicação individual de massas. E quando fala de Democracia de cidadãos, que é, afinal, nome para designar aquilo a que muitos chamam democracia deliberativa. Tratando-se, verdadeiramente, de devolver ao cidadão algo que, em boa verdade, nunca lhe pertenceu. E este será, no meu entendimento, o nosso grande desafio do futuro!

 

REFERÊNCIAS.

BUCHARIN, N. (1977). Teoria del materialismo storico. Manuale popolare di sociologia marxista. Firenze: La Nuova Italia.

CANEL, M. J. (2008). Comunicación política. Una guia para su estúdio y práctica. Madrid: Tecnos.

GRAMSCI, A. (1975). Quaderni del Carcere. Torino: Einaudi.

HALLIN, D. e MANCINI, P. (2004). Comparing media systems. Three models of media and politics. Cambridge: Cambridge University Press.

KANT, I. (1960). Fundamentação da Metafísica dos costumes. Coimbra: Atlântida.

MEYROWITZ, J. (1985). No sense of place. The impact of electronic media on social behavior. New York/Oxford: Oxford University Press.

SANTOS, J. A. (1999). Os intelectuais e o poder. Lisboa: Fenda.

SANTOS, J. A. (2000). Homo Zappiens. O feitiço da televisão. Lisboa: Editorial Notícias.

SANTOS, J. A. (2001). Cosmopolis. In Vários (2001). Novo Ciclo. Lisboa: Editorial Notícias. E “Cosmopolis – Un nuevo paradigma para el siglo XXI”. In http://www.tendencias21.net (blog comunicacion/es).

SANTOS, J. A. (2010). “La Red y la Democracia: ¿una simetría perfecta?”.

In http://www.tendencias21.net/comunicacion/La-Red-y-la-Democracia-una-simetria-perfecta_a18.html .

SANTOS, J. A. (2013). “A política e a rede: os casos italiano e chinês”. In joaodealmeidasantos.com (Ensaios).

SMITH, A. (1979). The Wealth of Nations. London: Penguin Books

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[1] Oração de Sapiência, proferida na ULHT, no Dia da Universidade, em 12.04.2014.

(*) Professor Catedrático, Director da Faculdade de Ciências Sociais, Educação e Administração e do Departamento de Ciência Política, Segurança e Relações Internacionais da ULHT. Director da ResPublica. Coordenador do CICPRIS.

[2] Bucharin, N. (1977).

[3] Smith, A. (1979).

[4] Santos, J. A. (1999).

[5] Veja-se a este propósito as observações de Antonio Gramsci sobre o americanismo e i fordismo em Quaderni del Carcere (1975), Q. 22 (V), § <11>, pp. 2164-2169, ou seja, a necessidade de racionalizar a vida dos operários para que o seu equilíbrio psico-físico possa ser salvaguardado com vista a uma melhor performance e a uma maior racionalizaçãoo do processo produtivo.

[6] Meyrowitz. J. (1985).

[7] Santos, J. A. (2000).

[8] Santos, J. A. (2001).

[9] In http://www.youtube.com/watch?v=GHs2coAzLJ8

[10] Canel, M. J. (2008).

[11] Após as últimas eleições, em 2014, o Partido Democrático tornou-se claramente o maior partido italiano. O M5S baixou um pouco a percentagem de eleitores que nele votaram, mas manteve-se como segunda grande força política italiana, com cerca de 23% do eleitorado. Veja-se Santos, J. (2013). “A política e a rede: os casos italiano e chinês”. In joaodealmeidasantos.com (Ensaios).

[12] Hallin, D. e Mancini, P. (2004)

[13] http://www.internetworldstats.com/stats2.htm; http://www.internetworldstats.com/stats4.htm.

[14] Santos (2010).

[15] Kant, I. (1960).

Mudam os tempos…

João de Almeida Santos

 Mudam-se os tempos, mudam-se as vontades? Só quando a mudança é percebida pela razão. A mudança é estrutural. Em tudo. E na política. “M5S”, em Itália. Syriza na Grécia. “Podemos”, em Espanha. Movimentos Independentes, em Portugal. Os pilares financeiros ruem como castelos de papel. O poder judicial parece insinuar-se como poder invasivo, bigbrotherizando, com escutas e fugas, a sociedade: já todos ditamos para a acta quando falamos ao telefone. O poder financeiro internacional e as agências de rating dominam as economias nacionais e as dívidas públicas. O poder mediático continua forte e intenso. Avançamos para uma problemática sociedade transparente. As diferenças civilizacionais convertem-se em choque. A política está capturada. Mas não pela vontade geral. A política já não se faz com modelos orgânicos, próprios dos velhos sistemas de partidos…

Perante isto, o que é que o PS, que se quer inovador, propõe? António Costa federou bem as sensibilidades. Mas talvez seja necessário promover uma ideia inovadora que mobilize e responda a este quadro tão complexo. O programa de governo e a agenda para a década são fundamentais. Mas há que propor também uma nova visão de fundo sobre a “sociedade transparente”, a atracção fatal pela democracia directa, a crise dos paradigmas organizacionais e da representação, o emergente “poder diluído”, as transmutações do capital financeiro, a crise do velho Estado social perante uma nova responsabilidade individual, a aliança perversa entre justiça e media, o choque civilizacional, a democracia supranacional a braços com o regresso do velho nacionalismo, a relação entre representação e “poder diluído”, a atrofia burocrática da sociedade. Ou o desafio do PS perante a mudança. Que implicará superar o velho modelo social-democrata. Ou seja, avançar para uma nova fase. Do maximalismo, “Godesberg” e Terceira Via para uma “democracia digital e em rede” em consonância com a nova sociedade que emerge. Mas esta será uma fase mais complexa: põe em causa o clássico modelo orgânico da política. E implica um confronto com a lógica dos novos poderes, com a emergente transparência comunitária e com a nova centralidade de um cidadão individualmente responsável. Como se compreenderá, a política precisa de uma filosofia que a inspire para não se desvitalizar e se transformar numa prática casuística prisioneira da ditadura do presente e da mera ideia de interesse. O ser humano move-se por ideais.

 

 

 

As Presidenciais

João de Almeida Santos

Concordo que, agora, é tempo de legislativas, de discutir pessoas, ideias, projectos e programas para o Governo. As presidenciais terão o seu tempo. Só que elas também já estão aí, com uma campanha a insinuar subtilmente que Sampaio da Nóvoa (SdN) será o candidato do PS. E, de facto, alguns militantes socialistas têm aderido à candidatura na convicção de que “les jeux sont faits”. Mas a verdade é que o PS não declarou apoio a ninguém. SdN é simplesmente um entre outros. E confesso que não me revejo no pouco que ele politicamente já declarou. Na gasta retórica de Abril, no sublinhar manhoso de uma certa distanciação em relação à classe política, na narrativa acerca do dinheiro, na ideia de regeneração e até nalgumas medidas programáticas que saem da esfera da PR. Nóvoa olha muito para o passado e para a retórica poética. O que não seria mal se diagnosticasse bem os caminhos do incerto e difícil futuro. Mas não, ainda não lhe vi sombra de diagnóstico. Como militante socialista não me revejo nele. E, por isso, a insinuação mediática ainda me incomoda mais: trata-se, claramente, de spin doctoring. Que significa dizer que quem gosta de dinheiro se deve afastar da política? Por acaso, a política não lida com dinheiro, finanças, economia? Eu diria o contrário: quem olha assim para a economia não pode estar na política. E muito menos na posição de PR! É perigosa esta dissociação! Lembro-me sempre do velho e despojado inquilino de S. Bento! E que significa falar de “regeneração”? Fogos, na floresta da política? É o que parece. Em política, há palavras que queimam! E falar dos políticos antigos? Quais? Os que o apoiam? Acaso SdN é um jovem que acaba de descobrir que mudará o mundo, como Arquimedes, a partir da alavanca de uma política em que não sujou as mãos até à sua idade? A leitura atenta do seu discurso deixa-me sérias dúvidas acerca do seu perfil como candidato da área PS. Outros haverá com melhor perfil. E nem é preciso ir de lanterna à sua procura. Querem um exemplo? Guilherme d’Oliveira Martins. Comparem os curricula. E as sondagens falam claro: enquanto SdN só é conhecido de 48% dos eleitores e é rejeitado por 45%, Oliveira Martins atinge uma notoriedade de 58% e só é rejeitado por 27 (Aximage). O agendamento da candidatura SdN não é o melhor para o PS. António Costa deveria dar por terminado este perigoso namoro dizendo claramente que o PS não definiu candidato e que SdN corre por conta própria, como tantos outros.

 

DA CARL SCHMITT A NICCOLÒ MACHIAVELLI: La Politica o il Pessimismo Antropologico

JOÃO DE ALMEIDA SANTOS

Resumo

5013-2013.Quinhentos anos de «Il Principe», de Maquiavel, são boa ocasião para relembrar que o Secretário florentino deu o pontapé de saída para o arranque da ciência política. Chamou-a à terra, procurou racionalmente encontrar um ponto de observação que lhe permitisse compreender os comportamentos dos homens em sociedade e, em particular, nas suas relações com o poder de um príncipe. Partiu de uma antropologia pessimista ancorada numa natureza humana complexa, volúvel e instável e verificou que uma razão política estrategicamente orientada deve seguir com atenção as ondulações do comportamento humano se quiser atingir os seus objectivos. Também se pode dizer que tornou explícito aquilo que o realismo político há muito vinha praticando sem plena autoconsciência e sem sistematização. Carl Schmitt ancorou nele essa ideia de que a política só progride lá onde há pessimismo antropológico e onde, claro, a política procura administrá-lo da forma mais eficaz. Maquiavel retirou à política a ganga teológica e moral, devolvendo-a pragmaticamente aos exercícios da razão instrumental ao serviço do governo eficaz. E foi por isso que chegou longe, apesar de tantos clássicos do pensamento, designadamente italiano, o terem incompreensivelmente esquecido.

Palavras Chave: política, pessimismo antropológico, natureza humana, príncipe, povo

Abstract

1513-2013. Five hundred years of Machiavelli’s «Il Principe» are a good occasion to remember that the Florentine Secretary gave the kick-off for the start of political science. Calling it to the ground, he tried to rationally find a vantage point that would allow him to understand the behaviour of men in society and particularly in its relations with the power of a prince. He started from a pessimistic anthropology anchored in a complex, volatile and unstable human nature and verified that, to achieve its objectives, a strategically oriented political reason must follow the ripples of human behaviour closely. One can also say that he made ​​explicit what without full self-consciousness and without systematization political realism had long been practicing. Carl Schmitt anchored in him the idea that politics can only progress where there is anthropological pessimism and in which, of course, politics seek to manage it most effectively. Machiavelli withdrew theological and moral principles from politics, pragmatically returning it to the exercise of instrumental reason. And that is why he has gone so far, although so many Italian thinkers have incomprehensibly forgotten him.

Key words: politics, anthropological pessimism, human nature, prince, people

«E torna l’idea antica, anzi orientale, del circolo delle cose umane, che domina in tutti gli storici del Rinascimento, e nel Machiavelli a capo di tutti: la storia è una vicenda di vite e morti, di beni e mali, di felicità e miserie, di splendori e decadenze» Benedetto Croce (1976: 224-225).

 

QUALCHE ANNO FA ho scritto un piccolo saggio su «La sinistra e la natura umana» (Santos, 2010), dove sostenevo, tra l’altro, che per la sinistra non esiste «natura umana» poiché «l’uomo è ciò che può diventare» (Gramsci) o «l’esistenza precede l’essenza» (Sartre). Ossia, la natura umana è un costrutto, prodotto del processo storico-sociale. Si acquisisce, non preesiste all’esistenza, alla vita sociale, alla storia. E così, non potendo fondarsi la politica su una preesistenteantropologia, bisogna ricondurla all’esistenza, alla società, alla storia: la natura umana come processo. Invece, pare che la storia del pensiero politico registri, in effetti, un persistente sfondo antropologico – esplicito o implicito – in cui si iscrivono le teorie e le dottrine politiche, almeno da Machiavelli in poi (giacché prima lo sfondo era teologico oppure ontologico). Sfondo antropologico che, d’altronde, rimanda agli uomini dell’umanesimo italiano dei XV e XVI secoli e alla loro rivalutazione della mondanità e dei suoi valori profani, tra cui il denaro, dei valori e dei compiti umani strettamente laici e contingenti (Leonardo Bruni, Lorenzo Valla, Leon Battista Alberti, Alessandro Piccolomini, tra altri)[1]. Ce lo ricorda Croce: «Niccolò Machiavelli è considerato schietta espressione del Rinascimento italiano; ma converrebbe insiememente ricongiungerlo in qualche modo al movimento della riforma, a quel generale bisogno che si avvivò nell’età sua, fuori d’Italia e in Italia, a conoscere l’uomo e a ricercare il problema dell’anima» (Croce, 1973: 204-205). Che poi, nonostante tutto, alcune correnti di pensiero non accettino di ricondurre, per certi aspetti, l’analisi della realtà politico-sociale ad uno sfondo antropologico elementare, ma socialmente molto pregnante e vitale, fa si che paghino, per questo, il prezzo di non capire una parte consistente della realtà storico-sociale. Certo, l’analisi strutturale non è in nessun caso spregevole, ma anche la visione antropologica del mondo non lo è. Soprattutto quando si parla di politica.

Politica e pessimismo antropologico

Che ci sia un pensiero antropologico implicito nel Machiavelli pare non ci siano dubbi. Che questo pensiero si possa definire come pessimismo antropologico pare, sotto certi aspetti, sia anche vero: «li uomini sempre ti riusciranno tristi [cattivi], se da una necessità non sono fatti buoni», dice Machiavelli in «Il Principe» (1966: 115). E in effetti egli viene regolarmente inserito nella scuola del pessimismo antropologico, per non dire nella scuola degli scellerati, degli assassini, di quelli che predicano la bontà della congiura e degli assassinati, come fa Federico II, nel suo Antimachiavelli, del 1741: «i cattivi esempi che Machiavelli propone ai principi sono di una malvagità imperdonabile» (1987: 61), «ma se Machiavelli non avesse posto come premessa la malvagità del mondo, su che cosa avrebbe basato la sua abominevole teoria»? (1987: 81)[2]. «Malvagità del mondo»: la premessa di Machiavelli o il suo pessimismo antropologico, registrato da Federico II. Però, questo registro pessimistico non scaturisce dall’«intento di distruggere i principi di una sana morale», corrompendo la politica, come voleva Federico II, criticandolo, subito nella Prefazione del suo «Antimachiavelli» (1987: 3). Questo registro pessimistico scaturisce, invece, a mio parere, più da uno sfondo realistico, da una profonda conoscenza degli uomini, dell’imperfetta natura umana in atto e da un uso freddo e puramente strumentale della ragione analitica, riscontrabile nei suoi scritti, che da un’intenzione malvagia o da una visione filosofica della natura umana, fondata su dei valori o su delle posizioni di principio riconducibili a fondamenti metateoretici. Le parole di Croce, che fungono da leimotiv di questo saggio, sono molto chiare a questo riguardo: «la storia è una vicenda di vite e morti, di beni e mali, di felicità e miserie, di splendori e decadenze». Lo stesso probabilmente non è possibile dire dei contrattualisti (Hobbes, ad esempio), dove lo sfondo antropologico serve strumentalmente una narrativa politica che cerca di trovare un fondamento legittimo all’idea di Stato rappresentativo moderno. Dice Carl Schmitt: «si potrebbero analizzare tutte le teorie dello Stato e le idee politiche in base alla loro antropologia, suddividendole a seconda che esse presuppongano, consapevolmente o inconsapevolmente, un uomo “cattivo per natura” o “buono per natura”» (Schmitt, 1972: 143). Distinzione che Schmitt non considera morale o etica, bensì problematica, vale a dire, come risposta alla domanda «se l’uomo sia un essere pericoloso o non pericoloso, amante del rischio o innocentemente timido» (1972: 143). Problematica: vuol dire che può servire da filo conduttore, da guida ad un percorso teoretico ed interrogativo intorno alla natura della politica. Citando Wilhelm Dilthey, Schmitt chiarisce, così, la posizione del Machiavelli su questo punto: «l’uomo per Machiavelli non è cattivo per natura», dice Dilthey, però «alcuni suoi passi sembrano dire ciò… Ma egli vuol solo esprimere l’idea che l’uomo ha una inclinazione irresistibile a scivolare dalla cupidigia alla cattiveria, se nulla gli si oppone: animalità, istinti, affetti sono il nocciolo della natura umana, in primo luogo l’amore e la paura. Machiavelli è inesorabile nelle sue considerazioni psicologiche sul gioco degli affetti… Da questa tendenza di fondo della nostra natura umana egli trae la legge fondamentale di tutta la vita politica»(1972: 144). Uomo non «cattivo per natura», però con «inclinazione irresistibile» che va «dalla cupidigia alla cattiveria»: «animalità», «istinti», «affetti», «amore», «paura» – tutte caratteristiche che nel discorso di Machiavelli funzionano come variabili del sistema politico. A cui si potrebbe aggiungere ancora la categoria dell’errore nel senso di una indebita «sovradeterminazione» (ideologica, pulsionale, passionale o emozionale) dell’uso della ragione strumentale nell’azione politica o nella gestione dei processi politici. Come dice Thierry Ménissier: «perché è alle passioni tradizionalmente intese come ciò che spinge l’uomo a compiere atti irrazionali ed egoistici che Machiavelli riconosce un ruolo fondamentale in tutta la collettività umana normale». Ossia, dice Ménissier, «Machiavelli giunge ad una rappresentazione della politica intesa come gioco delle passioni» (Ménissier, 2012: 61-62). Le parole di Dilthey, proprio come quest’ultime, sembrano confermare l’idea di presenza nel Machiavelli di un immenso sforzo analitico di approssimazione alla complessa, volubile, impura ed imperfetta realtà umana coinvolta nei processi politici. E così direi che da questa tendenza di fondo risulta – più che una legge fondamentale, come vuole Dilthey – un filo conduttore della sua fredda analitica in filigrana della meccanica della società e dei processi politici, dei rapporti umani, dei rapporti di società e, soprattutto, della meccanica del potere, da «Il Principe» (1513) ai «Discorsi Sopra la Prima Deca di Tito Livio» (1513-1519). D’altronde, lo possiamo confermare, ancora una volta, con le parole di Benedetto Croce in «Etica e Politica»: «Ed è risaputo che il Machiavelli scopre la necessità e l’autonomia della politica, della politica che è di là, o piuttosto di qua, dal bene e dal male morale, che ha le sue leggi a cui è vano ribellarsi, che non si può esorcizzare e cacciare dal mondo con l’acqua benedetta. È questo il concetto che circola in tutta l’opera sua e che, quantunque non vi sia formulato con quella esattezza didascalica e scolastica che sovente si scambia per filosofia, e quantunque anche vi si presenti talvolta conturbato da idoli fantastici, da figure che oscillano tra la virtù politica e la scelleraggine per ambizione di potere, è da dire nondimeno concetto profondamente filosofico, e rappresenta la vera e propria fondazione di una filosofia della politica. Ma quel che di solito non viene osservato è l’acre amarezza con la quale il Machiavelli accompagna questa asserzione della politica e della sua intrinseca necessità. “Se gli uomini fossero tutti buoni” (egli dice), questi precetti “non sariano buoni”. Ma gli uomini sono “ingrati, volubili, fuggitori di pericoli, cupidi di guadagno”; sicché conviene pensare piuttosto a farsi temere che amare, provvedere prima al timore e poi, se è possibile, all’amore. Bisogna imparare “a essere non buoni”; bisogna che tu manchi di fede quando ti giovi, perché altrimenti gli altri ne mancherebbero a te» (Croce, 1973: 205). È questo sfondo che porta Machiavelli a delineare il percorso che la ragione tecnica deve fare tra le variabili che compongono quella natura umana che viene coinvolta nell’azione e nei processi politici.

Schmitt, il «politico» e il rapporto amico-nemico

Sappiamo che Schmitt fonda il concetto di «politico» sul rapporto strutturale amico-nemico (Freund-Feind), non proprio in senso antropologico, bensì in senso strettamente dialettico su sfondo ontologico o, al limite, in senso intersoggettivo (tra popoli, intesi come soggetti collettivi). Questo rapporto riguarda i popoli, le loro relazioni «in tensione»vitale, in quanto «estranei» tra di loro, non i singoli soggetti (vedasi Santos, 1999: 9-11). Ed ha, perciò, dimensione pubblica, non privata, esprimendosi come «l’estremo grado di intensità di un’unione o di una separazione, di un’associazione o di una dissociazione» (1972: 109). E, tuttavia, soggiace senz’altro a questo rapporto strutturale della politica – che lo distingue dal rapporto morale (buono-cattivo), estetico (bello-brutto) o economico (utile-che nuoce) –un «pessimismo antropologico» evidente, peraltro riconosciuto da Schmitt: «teorici della politica come Machiavelli, Hobbes, spesso anche Fichte, con il loro “pessimismo” in realtà non fanno altro che presupporre la reale possibilità o concretezza della distinzione di amico e nemico. In Hobbes, un pensatore davvero grande e sistematico, la concezione “pessimistica” dell’uomo, la sua esatta comprensione che proprio la convinzione, presente nelle due parti antagoniste, di essere nel buono, nel giusto e nel vero provoca le ostilità più violente, e alla fine addirittura il bellum di tutti contro tutti, devono essere intese non come parti di una fantasia paurosa e sconvolta, e neanche solo come filosofia di una società borghese fondata sulla libera “concorrenza” (Tönnies), ma come presupposti elementari di un sistema di pensiero specificamente politico» (1972: 150). Anche il rapporto amico-nemico, costituente del politico, che coinvolge soggetti collettivi, popoli, alla fine può anch’esso essere riconducibile ad una evidente antropologia d’ispirazione pessimistica, poiché questa pulsione radicale ed antagonistica non esisterebbe se gli uomini fossero buoni per natura e cercassero la pace invece della guerra. Secondo Schmitt, viceversa, l’ottimismo antropologico è contrario alla politica, tende ad annullarla o, perlomeno, a farla diventare residuale, subordinata o surrogata. Questo ragionamento ottimistico lo vediamo in atto presso i liberali e gli anarchici: essi non costruiscono (non possono costruire) una teoria politica positiva, essendogli permessa soltanto una critica della politica e una visione dello Stato come entità subordinata alla società o, per dirla con Thomas Paine, come risultato dei nostri vizi (1972: 145). Una concezione, dunque, negativa dello Stato e della politica. È questo il senso della concezione «negativa» della libertà dei liberali. Parlando dello Stato e proprio sotto questo registro, Norberto Bobbio afferma: «Hegel continuava la tradizione del giusnaturalismo moderno iniziato con Hobbes nel considerare lo stato come il momento positivo dello sviluppo storico dell’umanità[3], e che soltanto dopo Hegel, e in parte contro Hegel, tutte le correnti vive del pensiero politico ottocentesco, dal socialismo utopistico a quello scientifico, dall’anarchismo in tutte le sue forme al liberalismo fautore dello stato minimo, dal darwinismo sociale al vitalismo nietzscheano, avevano completamente rovesciato l’immagine tramandata del corso storico, abbassando lo stato a momento negativo di cui l’umanità avrebbe dovuto liberarsi o rendendolo sempre più innocuo o sopprimendolo o lasciandolo estinguere» (1981: VII). E chi parla di Stato parla anche di politica. Si conferma così, in queste parole di Bobbio, quella che risulta essere la concezione di Schmitt sulla politica quando fondata su di un ottimismo antropologico, come avremo occasione di vedere più avanti. Ossia, quando lo Stato e la politica diventano momenti negativi del processo storico-sociale, alla fine dello Stato segue la fine della politica stessa, avendosi, dopo, la redenzione piena della vita comunitaria originaria oppure della vita privata in tutto il suo splendore. Fine della Storia.

Politica e ottimismo antropologico

Ed è vero. Nella storia del pensiero politico troviamo ottimismi antropologici che fungono da fondamento a diverse teorie politiche: i liberali, come detto, dove la politica (lo Stato) serve soltanto a preservare la libertà civile/privata, non politica (vedasi il discorso di Benjamin Constant al Reale Ateneo di Parigi, nel 1819, sulla libertà dei moderni paragonata a quella degli antichi); gli anarchici, rappresentanti un rifiuto radicale dello Stato, fonte di tutti i mali; Rousseau, con il suo discorso sull’origine della diseguaglianza tra gli uomini e sui danni provocati alla celestiale comunità originaria dalla comparsa della proprietà privata; i marxisti che, seguendo Rousseau, vedono anche loro nella proprietà privata e nelle forme di organizzazione politica corrispondenti l’origine dell’alienazione e dello sfruttamento degli uomini, assumendo, in modo tacito, un originario stato di bontà umana da ricostruire attraverso la società comunista, dalla quale spariranno la proprietà privata, le classi, lo Stato e la politica stessa. Queste antropologie (esplicite o implicite) ottimistiche hanno avuto conseguenze politiche: per i liberali, la libertà corrispondeva all’assenza dello Stato dalla vita privata degli individui («Tout ce qui n’est pas défendu par la Loi ne peut être empêché» – art. 5 della «Dichiarazione dei Diritti dell’Uomo e del Cittadino»), così come per gli anarchici, in modo più radicale; per Rousseau la libertà verrebbe ripresa attraverso il contratto sociale, laddove sarebbe un corpo morale e collettivo, lo Stato commissario (non veramente rappresentativo: per i liberali la politica risiedeva proprio nella rappresentanza), a garantirla[4]; per i marxisti la libertà sarebbe rimessa nella società che avesse annullato la proprietà, le classi e lo Stato stesso e avesse reintrodotto la logica comunitaria (non è un caso che la società futura venga designata come «comunista»). L’utopia dei liberali sarebbe lo Stato minimo e suppletivo, ossia la politica minima (confinata appunto al livello della rappresentanza); quella degli anarchici la fine dello Stato e di ogni forma d’organizzazione; quella di Rousseau, un po’ più complessa: da una parte, nel «Discours sur l’origine et les fondements de l’inégalité parmi les hommes» (1755), egli glorifica la vita comunitaria e campestre come vita felice e secondo l’ordine naturale, subito disturbata quando il primo uomo ha deciso di recintare un po’ di terra, chiamandola sua, ossia introducendoun ordine convenzionale; dall’altra, egli propone nel «Contratto Sociale» (1762) un superiore superamento del caos provocato da questa proprietà privata attraverso la costituzione di un nuovo corpo morale e collettivo (uno Stato commissario) dove i vizi provocati dall’introduzione della proprietà verranno risolti, ossia, dove la giustizia e la morale sostituiscono l’istinto; il dovere, l’impulso fisico; il diritto, l’appetito; la ragione, le sue inclinazioni – ossia dove l’uomo acquisisce una libertà che diventa anche morale, laddove obbedisce solo alla legge che egli, collettivamente, ha dato a se stesso. Così il contrattosociale serve solo a risolvere i danni provocati dalla proprietà privata attraverso la costituzione di un corpo morale e collettivo dove la politica in senso convenzionale (come rappresentanza) è assente. In tutte queste teorie o dottrine politiche vediamo in modo palese la presenza di argomenti filosofici che fondano le posizioni sul potere sociale. Il potere come surrogato della «civil society»; il potere come usurpazione che bisogna, dunque, sopprimere; il potere come corpo morale e collettivo. Dietro a queste posizioni c’è un ottimismoantropologico esplicito o implicito che in qualche modo determina (o ne è conseguenza dimostrativa) il disegno (politico) generale. E, se seguiamo Carl Schmitt, verifichiamo che laddove troviamo posizioni di questo tipo non troviamo teoria o dottrina positiva sulla politica e sullo Stato, anche perché questo, nell’ottimismo antropologico, viene concepito negativamente, come qualcosa che interrompe la bontà naturale degli individui: Stato minimo e suppletivo, per i liberali; fine dello Stato per gli anarchici e marxisti; «Corps morale et collectif» che redime l’originario peccato proprietario, per Rousseau[5]. Schmitt dice, in effetti, che i liberali non hanno prodotto teoria politica sostanziale; neancheMarx e i marxisti, è vero, hanno prodotto una teoria dello Stato consistente e rilevante (vedasi Bobbio, 1999: 132-147; e 243-251); gli anarchici nemmeno, come pare ovvio; Rousseau neanche, avvicinandosi ad una logica da commissariato, estranea alla teoria moderna dello Stato rappresentativo. Per gli altri, si veda quel che, con Bobbio, abbiamo su riferito. Si capiscono facilmente queste conseguenze poiché lo Stato non viene compreso come entità a sé, bensì come surrogato della realtà sociale, essa sì, veramente sostanziale. Ossia, pare che in tutte queste teorie abbiamo a che fare con delle posizioni a sfondo ontologico, sì, ma dove lo Stato non supera una dimensione ontica o semplicemente strumentale. Altri sono, poi, gli autori ai quali, riconoscendo il loro pessimismo antropologico, Schmitt riconosce, altresì, un effettivo contributo al pensiero politico: Machiavelli, Hobbes, Bossuet, Fichte, De Maistre, Donoso Cortés, H. Taine e anche Hegel (dal doppio volto). Vediamo ciò che dice Schmitt: «Perciò resta valida la constatazione stupefacente e per molti sicuramente inquietante che tutte le teorie politiche presuppongono l’uomo come “cattivo”, che cioè lo considerano come un essere estremamente problematico, anzi “pericoloso” e “dinamico”». E più avanti: «In un mondo buono fra uomini buoni domina naturalmente solo la pace, la sicurezza e l’armonia di tutti con tutti; i preti e i teologi sono qui altrettanto superflui dei politici e degli uomini di Stato» (1972: 146; 149). Certo, in questo mondo la politica (ma a quanto pare anche la religione istituzionale) non può essere ricondotta alla distinzione fondamentale di Schmitt, quella tra amico-nemico. E, così, nel senso in cui viene concepita dal nostro autore, la politica sparisce, svanisce nel nulla. Ovveronon può essere concepita nemmeno come dimensione strumentale, comemero surrogato. C’è poi bisogno di aggiungere che, in questo senso, l’idea di Stato come «monopolio dell’uso legittimo della forza» non ha più senso proprio perché lo Stato non sarebbe più necessario o, perlomeno, l’idea di Stato perderebbe il senso che nel tempo aveva acquisito. Sappiamo che Hegel è stato il grande «accordatore» (se posso usare questo verbo d’origine musicale) dell’idea di Stato. In primo luogo, per toglierle la connotazione d’interesse che la contaminava dai tempi e dai modi della narrativa giusnaturalista, come sostiene Norberto Bobbio nei suoi «Studi Hegeliani». In secondo luogo, perché egli stesso vedeva il mondo empirico, la società civile, come il regno del caos in modo tale che solo l’Idea e il suo corpo organico, lo Stato, erano in grado di risolvere e di superare, diventando il suo vero fondamento, «ihr wahrhafter Grund» (Hegel, 1976: § 256, p. 397; e §§ 238-307, pp. 386-476). Ossia, Hegel, che del mondo empirico ha una visione negativa, anche quando questo mondo viene convertito (entgegengearbeitet) in opposizione logica – e, proprio per ciò, come negazione logica – all’interno di un processo dialettico ideale, può così sviluppare una teoria positiva dello Stato, eliminando le contaminazioni provenienti dalla società civile e potendo, così, consolidare la sua natura ideale e universale. Senza questo intervento hegeliano e senza il presupposto su riferito non sarebbe stata possibile una vera teoria dello Stato. Anche qui siamo davanti ad una prospettiva simile al pessimismo antropologico: lo Stato funge da unificatore formale della molteplicità indiscriminata e caotica[6].

Machiavelli e la meccanica dei processi politici

Perché, poi, tutto questo, parlando di Machiavelli? Perché è qui che risiede una delle questioni centrali della teoria politica e perché la discussione sul machiavellismo di Machiavelli (vedasi Bento, 2012) si deve porre intorno a questo problema. Non lo ha fatto Federico II e, perciò, ha commesso troppi errori di lettura, nel suo Anti-Machiavelli (1747): una lettura sbagliata e angelica/malefica di «Il Principe» (1513), dalla prefazione alle ultime pagine. Ma anche il Guicciardini non lo ha fatto quando lo definisce uno «scrittore al quale sempre piacquono sopra modo e’ remedi estraordinari e violenti» (Berardi, 1984: 13). In effetti, sotto l’analitica di Machiavelli c’è un pessimismo antropologico evidente, come riconosciuto dallo stesso Federico II, laddove nei suoi disegni razionali della meccanica dei processi politici adopera come variabili di questo sistema tutte le caratteristiche specificamente umane (psicologiche, istintuali, passionali, morali, fisiche, razionali, sociologiche) coinvolte in ogni azione, decisione o intenzione politica. Si può vederlo in atto leggendo «Il Principe» o i «Discorsi Sopra la Prima Deca di Tito Livio» (1513-1519). Per esempio, nel cap. VI del libro III, «Delle congiure», se non troviamo una parola d’incitazione a praticare la congiura, bollata qui come «cattività» o giudicata anche all’insegna dell’«ingratitudine» (1966: 318), ad ammazzare o ad avvelenare i principi, invece troviamo una fredda analitica in filigrana della meccanica della congiura, della sua organizzazione e delle variabili che bisogna prendere in considerazione se si vuole avere successo nell’operazione, tante volte usando la nota tecnica della dicotomia, per meglio spiegarsi (le congiure «si scuoprono o per relazione o per coniettura»; si fanno «o contro alla patria o contro ad uno principe»; «quegli che congiurano, o ei sono uno o ei sono più» (1966: 315, 317, 319; italico mio)[7]. Svolgendo questa analitica a fini di conoscenza, Machiavelli serve, certo, gli interessi dei principi, ma serve anche l’interesse d’ogni possibile congiurato, consigliandolo ad avere «timidezza» o «prudenza»[8]. Dice Machiavelli, nel Libro III, Capitolo VI, «Delle congiure», dei «Discorsi»: «Ei non mi è parso di lasciare indietro il ragionare delle congiure, essendo cosa tanto pericolosa ai principi ed ai privati (…)»; «Acciò che adunque i principi imparino a guardarsi da questi pericoli, e che i privati più timidamente vi si mettino; anzi imparino ad essere contenti a vivere sotto quello imperio che dalla sorte è stato loro proposto» (1966: 315). L’analisi punta alla conoscenza della meccanica dei processi umani e, perciò, la conclusione (il consiglio) sul coinvolgimento dei privati nelle congiure non è, anche qui, di tipo morale poiché la sideduce dal pericolo (di morte) che esse rappresentano per tutti quelli che le promuovono o eseguono: «gli uomini privati non entrano in impresa più pericolosa né più temeraria di questa: perché la è difficile e pericolosissima in ogni sua parte. Donde ne nasce che molte se ne tentano e pochissime hanno il fine desiderato» (1966: 315). Machiavelli non cerca di dissuadere gli eventuali congiurati, a difesa del principe, ma neanche a promuovere la congiura nei confronti di un principe considerato cattivo. Egli punta soprattutto al sapere, alla conoscenza, non avendo molto senso le posizioni che, nel tempo, tanti intellettuali illustri hanno assunto circa gli obiettivi del Machiavelli quando scrive «Il Principe»: insegnare al popolo la meccanica del potere per meglio conoscere chi lo governa oppure «per indicare ai tiranni la via della loro rovina» (vedasi Santos, 2012: 140-141; in Bento, 2012). Meglio: non pare che l’obbiettivo del Machiavelli sia proprio rivoluzionario!

Machiavelli e il Popolo

Ma allora si potrebbe anche dire lo stesso circa i «Discorsi sopra la prima deca di Tito Livio». In effetti, losi può verificare nei suoi lunghi discorsi, nell’argomentare intorno ad ogni tema, prendendo in considerazione i vantaggi e gli svantaggi delle diverse soluzioni e analizzando tutti gli argomenti possibili intorno ad un tema. Per esempio, Machiavelli, nel Libro I, Cap. XXXIV e XXXV, arriva alla formulazione dei vantaggi della manutenzione e della separazione dei diversi poteri quando riflette sulle differenze tra la tirannia del Decemvirato e l’«autorità dittatoria» romana, anticipando quella che sarebbe diventata la più famosa proposta del Montesquieu di «Lo Spirito delle Leggi» (1748)[9]; arriva anche a formulare l’idea del governo delle leggi (non degli uomini), i suoi vantaggi, in modo analitico, ossia in discorso argomentativo; ma formula anche, in modo molto sui generis, quello che soltanto più tardi sarebbe stato teorizzato dai contrattualisti, ossia la superiorità, con tutti i vantaggi politici connessi, del governo del popolo su quello del principe, della repubblica sul principato, del primato del potere «ex parte populi» su quello «ex parte principis». Vediamo quel che, a rispetto, dice nel Libro I, Cap. LVIII, dei «Discorsi»: «ci sono assai esempli, ed intra gl’imperadori romani ed intra gli altri tiranni e principi; dove si vede tanta incostanzia e tanta variazione di vita, quanta mai non si trovasse in alcuna moltitudine. Conchiudo adunque contro alla comune opinione, la quale dice come i popoli, quando sono principi [quando hanno il potere], sono varii, mutabili ed ingrati; affermando che in loro non sono altrimenti questi peccati che siano ne’ principi particulari» (…);«…un principe sciolto dalle leggi sarà ingrato, vario e imprudente più che un popolo» (1966: 224-225); «Ma quanto alla prudenzia ed alla stabilità, dico come un popolo è più prudente, più stabile e di migliore giudizio che un principe. E non sanza cagione si assomiglia la voce d’un popolo a quella di Dio»; e, finalmente, «il che non può nascere da altro, se non che sono migliori governi quegli de’ popoli che quegli de’ principi» (1966: 226; italico mio). Questa chiarissima posizione di Machiavelli pare anticipare senz’altro il discorso dei giusnaturalisti, l’emergenza del popolo come soggetto politico, ma pare altrettanto dar ragione ai suoi critici, ossia, a quelli che hanno visto nelle sue riflessioni, soprattutto, un discorso volto a favorire il potere d’impronta popolare, a insegnare ai popoli le tecniche del governo, svalutando i principati. Posizione contrastata da uno dei suoi innumerevoli critici, peraltro suo amico, Francesco Guicciardini: «Di male vi è, che el popolo per la ignoranzia sua non è capace di deliberare le cose importante, e però presto periclita una republica che rimette le cose a consulta del popolo» (Guicciardini, 1984: 41). Ma ciò che mi preme sottolineare è che Machiavelli, per via analitica, riesce ad entrare in anticipo in quei sofisticati meccanismi che i teorici del sistema rappresentativo avrebbero introdotto, più tardi, nella teoria politica. E anche che la sua è un’opera svolta soprattutto all’insegna del suo pessimismo e realismo antropologico.

Machiavelli e la Dittatura

Ma vediamo più da vicino ciò che dice Machiavelli su quest’«autorità dittatoria» di cui parla nel Libro I dei «Discorsi» (Cap. XXXIV e XXXV). Il paragone viene fatto tra i Decemviri e il Dittatore: avendo entrambi poteri eccezionali, i Decemviri, tuttavia, hanno abolito le istituzioni che potevano moderare l’uso del potere, mentre il secondo coesisteva con queste istituzioni, specie con il Senato, i Tribuni ed i Consoli, funzionando la sua magistratura in un registro di tipo «checks and balances». Mentre i primi esercitavano il potere come «dittatura sovrana», l’altro lo esercitava come «dittatura commissaria» (Schmitt). Ossia, nei primi si esauriva l’ordine costituzionale; nel secondo, l’ordine costituzionale gli sottostava poiché la figura del Dittatore era prevista in questo stesso ordine («dato secondo gli ordini pubblici», «per vie ordinarie» – 1966: 188), non potendo, questo, in nessun modo cambiare quest’ordine. In effetti, il Dittatore, potremmo dire nel segno di Hans Kelsen[10], essendo previsto e regolato dall’ordine costituzionale, ricava dall’ordinamento giuridico la sua stessa legittimità. Ciò che non avviene con i Decemviri o qualsiasi «dittatura sovrana», dove il principio di legittimità può solo essere fondato politicamente. D’altronde questa riflessione sui due tipi di potere eccezionale è molto interessante e significativa poiché, essendo i Decemviri eletti e il Dittatore nominato dal Senato o da un Console, si vede che Machiavelli valorizza molto di più l’ordine costituzionale e legale – che prevede i tempi e i modi di concedere l’autorità assoluta – arrivando addirittura a metterla a confronto con l’autorità data «da’ suffragi liberi». Questa posizione ci porta a ripensare ciò che Machiavelli dice sul rapporto tra popolo e principe, valorizzando il primo sul secondo, poiché il suffragio, riconducendo inevitabilmente al suo fondamento popolare, può anch’esso essere valorizzato solo all’interno di un ordine costituzionale e legale razionale («bene ordinato»), potendo essere deviato se l’autorità non viene data «con le debite circunstanze e ne’ debiti tempi», com’è successo con i Decemviri (1966: 190). Popolo, suffragio, ordine costituzionale-legale razionale, autorità, modalità e temporalità del potere – questi paiono essere gli elementi che fondano le basi di una repubblica ben ordinata: «e principali fondamenti che abbino tutti li stati, così nuovi come vecchi o misti, sono le buone legge e le buone arme», diceva in «Il Principe» (1966: 86); «talché mai sia perfetta una repubblica, se con le leggi sue no ha provisto a tutto, ed ad ogni accidente posto il rimedio e dato il modo a governarlo», diceva nei «Discorsi» (1966: 189; italico mio). Ossia: una repubblica che non permetta un’autorità assoluta («dittatura sovrana»), poiché essa «in brevissimo tempo corrompe la materia e si fa amici e partigiani» (1966: 190). Dalle seguenti parole di Machiavelli si può confermare quanto detto: «e se si considerrà l’autorità che ebbero i Dieci e quella che avevano i Dittatori, si vedrà sanza comparazione quella de’ Dieci maggiore. Perché creato il Dittatore, rimanevano i Tribuni, i Consoli, il Senato, con la loro autorità; né il Dittatore la poteva tòrre loro: e s’egli avesse potuto privare uno dello Consolato, uno del Senato, ei non poteva annullare l’ordine senatorio e fare nuove leggi. In modo che il Senato, i Consoli, i Tribuni, restando con l’autorità loro, venivano a essere come sua guardia a farlo non uscire della via diritta. Ma nella creazione de’ Dieci occorse tutto il contrario: perché gli annullorono i Consoli ed i Tribuni, dettero loro autorità di fare legge ed ogni altra cosa, come il Popolo romano. Talché, trovandosi soli, sanza Consoli, sanza Tribuni, sanza appellagione al Popolo, e per questo non venendo ad avere chi gli osservasse, ei poterono il secondo anno, mossi dall’ambizione di Appio, diventare insolenti» (1966: 190)[11]. É chiara qui la presenza del concetto di «separazione dei poteri» come condizione della limitazione del potere stesso, anche quand’esso fosse straordinario. Ma soprattutto bisogna sottolineare che il più importante di tutto questo risiede nella costituzione, nel modo come la legge prevede e regola il funzionamento del sistema politico, prendendo in considerazione la volubilità del comportamento umano, quella «inclinazione irresistibile a scivolare dalla cupidigia alla cattiveria, se nulla gli si oppone», quella tendenza di fondo della natura umana di cui parlava Dilthey. Ed è proprio per rimediare a ciò che intervengono le costituzioni, le leggi, la forza istituzionale, insomma la politica e lo Stato. Come verrà ad essere formulato da Hobbes, nel «Leviatano», o, in generale, nella narrativa giusnaturalistica.

Conclusione: Machiavelli e la natura umana

Se ci fossero dubbi circa lo sfondo pessimistico che sottostà alle sue riflessioni basterebbe leggere la favola «Il demonio che prese moglie» e che riassumo in poche parole.Stando i demoni discutendo del perché tutti gli uomini condannati all’inferno si lamentassero del matrimonio («avere preso moglie», 1966: 847) come la principale causa dell’infelicità di quei poveri mortali, decisero di inviare uno di loro sulla terra per prendere moglie e fare la verifica di quanto detto da quelli. Cosa che capitò a Belfagor, arcidiavolo: col nome de Roderigo va a Firenze, munito di un bel po’ di soldi, e lì prende moglie. Succede che sua moglie Onesta, terribile e vanitosa, gli fa spendere tutti i soldi, in modo tale che non aveva Roderigo alcuna possibilità di pagare e dovendo scappare ai creditori che lo perseguitavano. Salvato da un tale Gianmatteo, decide di ricompensarlo, dandogli il potere di salvare donne indemoniate, mediante il pagamento di somme di denaro. Come in effetti successe. Dopodiché Roderigo, essendosi liberato del debito, disse a Gianmatteo che non voleva più vederlo. Successe, tuttavia, che la fama di questi come guaritore aveva attraversato i confini ed era arrivata fino al re di Francia, che aveva sua figlia indemoniata. Chiamato Gianmatteo, non poté questi fare nulla per aver perso i suoi poteri, rischiando così la morte. In un ultimo dialogo con Roderigo, questo gli dice che lo avrebbe fatto impiccare per aver osato cercare di guarire la figlia del re. Al che Gianmatteo risponde che in quest’ultimo suo tentativo di salvarla era presente Onesta, la moglie di Roderigo. E, così, impaurito e spaventato dalla presenza della moglie, Roderigo-Belfagor decise di scappare via tornando in inferno e liberando la figlia del re di Francia, Lodovico VII. Certo, è una favola. Prende in giro il matrimonio e soprattutto le donne, ma la radicalità della conclusione della vicenda, facendo diventare l’inferno un paradiso rispetto al matrimonio, illustra bene questo pessimismo antropologico che giustifica la necessità di dar vita agli ordinamenti costituzionali e legali e ad una politica ragionata che sia in grado di rispondere con efficacia ai corsi e ricorsi della vita in società, alle tendenze deleterie degli uomini, alle inclinazioni perverse verso la cattiveria, il potere o il denaro, insomma, all’impura esistenza degli esseri umani, che non possiedono le ali angeliche della vita celestiale, quando anch’essa sia costituita da angeli dalle ali nere. Esistenza che, in malvagità, supera addirittura i conosciuti protagonisti infernali dell’aldilà! Se la mia interpretazione è giusta, è proprio questo che Machiavelli vuole evidenziare: un mondo impuro ed imperfetto che bisogna conoscere in profondità per governarlo il meglio che si possa. Ed è così che in base a questo pessimismo antropologico è possibile aprire le porte ad una teoria politica moderna, libera dai vincoli teologici o morali e in grado di far fronte alle umane aspettative di autogoverno.

 

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Note

[1] Vediamo, ad esempio, ciò che, a questo riguardo, dice Windelband, nella sua «Storia della Filosofia Moderna» (1878) sul Rinascimento: «Perciò l’Italia del Rinascimento ci dà lo spettacolo d’un rigoglio dell’individualismo; essa è “la culla dell’individuo moderno”». «Però anche questo individualismo sorpassò ben presto i limiti entro cui poteva dirsi giustificato. Preso dalla vertigine della libertà assoluta dell’autodecisione, l’individuo innalzò al posto della libertà l’arbitrio, e, nel rigoglio delle sue forze, si scatenò come potenza distruggitrice» (Windelband, 1925: I, 9).

[2] Interessante, a questo rispetto, l’osservazione, del tutto diversa, di Gramsci nei «Quaderni del Carcere»: «Lo Schopenhauer avvicina l’insegnamento di scienza politica del Machiavelli a quello impartito dal maestro di scherma che insegna l’arte di ammazzare (ma anche di non farsi ammazzare) ma non perciò insegna a diventare sicari e assassini» (Gramsci, 1975: III, 1568, §<9>).

[3] Ma è lo stesso Bobbio a sottolineare la rottura tra Hegel e il giusnaturalismo: «Non c’è opera giuridico-politica di Hegel in cui la teoria contrattualistica (con particolare riferimento a Rousseau) non venga confutata»; (1981: 12). «Hegel non disconosce la categoria del contratto [sociale], ma le riconosce validità solo nella sfera del diritto privato: la teoria del contratto sociale è un’indebita trasposizione di un istituto proprio del diritto privato alla sfera del diritto pubblico (trasposizione che, per Hegel, è uno degli errori caratteristici di tutta la tradizione del diritto naturale). Con estrema energia, già nel saggio del 1802, deplora che “la forma di un siffatto rapporto privato subordinato” si sia introdotta “nell’assoluta maestà della totalità etica”», facendo dipendere «la volontà oggettiva della costituzione statale» dalla «volontà soggettiva dei singoli» (1981: 13-14).

[4] «La souveraineté ne peut être représentée, par la même raison qu’elle peut être aliénée; elle consiste essentiellement dans la volonté générale, et la volonté ne se représente point: elle est la même, ou elle est autre; il n’y a point de milieu. Les députés du peuple ne sont donc ni ne peuvent être ses représentants, ils ne sont que ses commissaires» (Rousseau, 1762: 67-68 ; vedasi anche Della Volpe, 1974 : 45-60)

[5] In una lettura volutamente coerente e conseguente: dal «Discorso» (1754) al «Contratto» (1762).

[6] Interessante a questo riguardo la critica di Marx, in «Kritik des Hegelschen Staastsrechts», del 1843 (Marx-Engels Werke, I, Berlin, Dietz Verlag, 1981, pp 203-333), ai «Grundlinien der Philosophie des Rechts», del 1821 (Frankfurt am Main, Suhrkamp, 1976), di Hegel, proprio per avere sviluppato questa formalizzazione del concetto di Stato.

[7] Sulle congiure vedasi il saggio di Bento (2013).

[8] Sulla discussione intorno a chi si rivolgeva il Machiavelli, chi conosceva o non conosceva la meccanica del potere, si veda Gramsci, «Noterelle sulla politica del Machiavelli (1975: 1553-1652).

[9] Dice Gramsci a questo riguardo: «In Machiavelli si può scoprire in nuce la separazione dei poteri e il parlamentarismo (il regime rappresentativo): la sua «ferocia» è rivolta contro i residui del mondo feudale, non contro le classi progressive» (1975: III, 1572, §<13>).

[10] Si veda Kelsen (1984: 118-119): Il principio di legittimità.

[11] Vedasi anche quest’importante brano dei Discorsi: «Oltra di questo, il Dittatore era fatto a tempo e non in perpetuo, e per ovviare solamente a quella cagione mediante la quale era creato; e la sua autorità si estendeva in potere diliberare per se stesso circa i rimedi di quello urgente pericolo, e fare ogni cosa sanza consulta e punire ciascuno sanza appellagione: ma non poteva fare cosa che fussi in diminuzione dello stato; come sarebbe tòrre autorità al Senato o al Popolo, disfare gli ordini vecchi della città e farne de’ nuovi» (1966: 188).

A Crise

João de Almeida Santos

Continuamos a viver sob os efeitos da Crise. Palavra mágica. As coisas não correm bem: “ – É a crise, Amigo!”. A crise é como um raio repentino que nos fulmina. E que nos deixa prostrados, sem forças e sem ânimo. Tem efeitos reais e muito duros sobre o dia-a-dia e o fim do mês. A nuvem negra que a cada ciclo orçamental descarrega pesadíssimas bátegas fiscais sobre o cidadão chama-se “dívida pública”. Quase 130% do PIB. Uma nuvem que veio para ficar 20 ou trinta anos, dizem uns (Cavaco Silva), ou muito menos, dizem outros (Durão Barroso). Entretanto, ela cresce de cada vez que, alegremente, vamos aos mercados. Sobretudo quando os agiotas decidem ser generosos nos juros. E porque, infelizmente, não temos poupança nacional. Até ao próximo diktat da famosa “tríade” Fitch/Moody’s/Standard&Poor’s. Mas, neste momento, destas agências- abutre pouco se ouve falar. Um passo à frente, dois atrás – parece ser o ritmo táctico dos agiotas. Metralharam durante uns anos, produziram gigantescos e calculados danos e recuaram, depois, tacticamente, para uma zona de sombra. Mas sempre à espreita. A soberania nacional, que já só sobrevivia, desapareceu sob o fogo cerrado delas até transformar empresas e país em lixo. E o lixo não se compra. Ou então compra-se a preços de saldo. É só dar ordem aos agentes no terreno que, depois de comprarem, são catapultados ao topo. Arnaut e Gaspar são dois casos exemplares. Um, para o Goldman Sachs, o outro, para o FMI. E provavelmente até se comprou com os juros que nos obrigaram a pagar no auge da crise e das péssimas notações. E, consumado o ato, até se pode requalificar o lixo, emprestando a juros mais baixos. Boleia apanhada pelos bancos nacionais que emprestam alto e pagam baixo. Desgraçando o aforro nacional. E, para isso, o Estado não poderia continuar a pagar juros a 5 ou 6 por cento, como chegou a fazer no auge da crise. Ou seja, o que parece é que a banca obrigou o Estado a pagar juros muito mais baixos, capturando a sua função reguladora. No meio de tudo isto, e a pretexto da crise e do ajustamento, do “estado de exceção” em que vivemos, vamos assistindo ao desmantelamento de mais de trezentos anos (sem contar com o direito romano) de uma civilização jurídica que nos ia garantindo confiança no sistema. E a uma inédita solidariedade, imposta por via fiscal. Para os novos senhores do poder a regra é o relativismo jurídico em todo o esplendor. É o “façam o vosso jogo, meus senhores”! E sem cuidar de ver os efeitos que estas práticas estão a produzir sobre todo o sistema político. A prova provada tivemo-la nas eleições autárquicas onde os movimentos não partidários cresceram exponencialmente, mostrando à evidência que o sistema responde cada vez menos às expectativas dos cidadãos. O problema reside em boa parte na própria classe política, agora inundada de “aprendizes de feiticeiro”, de deslumbrados do poder. Mas de um poder que já não deslumbra. Pelo menos como outrora. Mas que, para os aprendizes, sempre continua a deslumbrar à medida da própria estatura.

A judicialização da política

João de Almeida Santos

Está a entranhar-se no sistema político português um fenómeno que pode ser designado por «judicialização progressiva da política»: a resolução das questões políticas à força de incursões judiciais, seja através dos tribunais comuns seja através dos tribunais superiores, sendo, nesta prática em crescendo, o Tribunal Constitucional o último dos protagonistas. Sendo um Tribunal especial, quer na sua composição quer na sua natureza e nas suas competências, não deixa, todavia de ser um tribunal, com uma competência de natureza exclusivamente técnica de verificação da adequação das normas ao articulado constitucional, sendo certo que neste processo a sua margem de manobra é muito grande, compreendendo-se assim as guerras de poder que se travam entre protagonistas políticos quando se trata de escolher os juízes deste tribunal.

Já se vira algum protagonismo crítico do Tribunal de Contas. Já se vira também o recurso ao Ministério Público para liquidar protagonistas do mundo político ou mesmo o recurso, com o mesmo registo, a Comissões Parlamentares de Inquérito. As suspeições são matéria recorrente na ordem do dia da política. Mas se elas são naturais quando vêm do cidadão, já são menos compreensíveis quando patrocinadas instrumentalmente pela própria classe política, centrando o alvo nos opositores de ocasião, sem cuidar de prevenir o efeito de ricochete que os atingirá no futuro. No meio disto, quem ganha muito poder são aqueles que têm acesso aos dossiers, não hesitando em os usar quando necessário. A promiscuidade entre política, justiça e media vem de longe e sobre ela muito se escreveu. Mas esta é uma promiscuidade subterrânea: a circulação de informações, para efeitos políticos, nos subterrâneos dos mundos político, judicial e jornalístico é antiga, permanente e com relevante protagonismo de personagens há muito em circulação nas instâncias do poder. Trata-se de um poder intermédio com meios de dissuasão muito poderosos, de tão fácil ser a indução de julgamentos públicos sem recurso.

Mas agora a coisa subiu de nível. A Constituição  transformou-se no muro onde vão embater com demasiada frequência as iniciativas do Governo. E o TC é a instância para onde, cada vez mais, a oposição, no seu exercício político, recorre, parecendo ter delegado nele o combate político. Ou seja a política parece ter-se tornado uma mera questão de «legalidade». O crivo político está hoje cada vez mais confinado ao crivo constitucional, como se na Constituição se esgotasse todo o património crítico da oposição. De resto, a analítica constitucional é ela própria uma esfera onde intervêm  princípios gerais como o da confiança, o da igualdade ou o da proporcionalidade. Princípios que, em leituras menos ortodoxas, podem, de facto, servir para animar interessantes debates políticos. Só que o horizonte ideal de uma boa política não se pode resumir ao cumprimento do texto constitucional e seus princípios. É certo que a fronteira constitucional tem uma valia política reforçada, equivalente à exigência de maioria qualificada para a ultrapassar, e, por isso, uma valia preciosa para a oposição. Mas também é certo que o actual governo, ao pisar com frequência essa fronteira, também consegue desviar o debate da identidade ideológica das suas políticas, da sua legitimidade, para a esfera constitucional, desvitalizando, deste modo, o próprio debate político. E a oposição, ao remeter regularmente o debate para a Constituição, está também ela própria a eximir-se ao dever de repensar o que tem de ser politicamente repensado. E que não é pouco, na esfera da própria esquerda.

A Política e a Rede: os casos italiano e chinês

(Link para o blogspot)

* JOÃO DE ALMEIDA SANTOS

 «Senhor HU, deite abaixo este Grande Firewall!».  Hillary Clinton

«O nosso objectivo é mudar o mundo». Eric Schmid, chefe executivo do Google

Intento, en este ensayo, sacar las consecuencias del nuevo modelo de comunicación digital desde el punto de vista de la emergencia de un nuevo espacio público deliberativo, que nació con la red, proponiendo, en simultáneo, una reflexión no solo en torno del tema de la democracia digital (en el caso italiano), sino también en torno del problema de la regulación de los flujos de informativos y comunicacionales en este espacio y de las tentativas de control por parte de los poderes nacionales, en nombre de su soberanía, pero en claro conflicto con la libertad de información y comunicación inscrita en el «espacio intermedio» digital o reticular (caso chino). Un problema que, después de todo, se pone no solo a los regímenes autoritarios, sino también a las democracias representativas – el problema de la regulación de los flujos comunicacionales, desde los medios hasta la red. Un problema, pues, mucho más complejo que lo de la libertad digital bajo un régimen autoritario.

Procuro, neste ensaio, retirar consequências do novo modelo de comunicação digital do ponto de vista da emergência de um novo espaço público deliberativo, que nasceu com a rede, propondo, ao mesmo tempo, uma reflexão não só em torno da questão da democracia digital (no caso italiano), mas também em torno do problema da regulação dos fluxos informativos e comunicacionais neste espaço e das tentativas do seu controlo por parte dos poderes nacionais, em nome da sua soberania, mas em conflito aberto com a liberdade de informação e de comunicação inscrita no «espaço intermédio» reticular (caso chinês). Um problema que, afinal, não se põe só aos regimes autoritários, mas também às próprias democracias representativas. Um problema de regulação dos fluxos comunicacionais, desde os media até à rede. Um problema, portanto, muito mais complexo do que o da liberdade digital no quadro de um regime autoritário.

Internet e Liberdade

Entro, deste modo, num tema que ganha cada vez mais importância nos dias que correm. A propósito do caso Google/China, alguém falou de um combate digital entre um David e um Golias. Outros dizem que só a consciência da própria força é que permitiu ao Google enfrentar abertamente o colosso chinês, em vez de negociar nos bastidores, como é próprio do mundo empresarial (Pisani, 2010: 27). Perspectiva que, de resto, parece hoje cada vez mais plausível visto o potencial do mercado chinês nesta – como noutras – área. A questão motivou uma intervenção de Hillary Clinton, exigindo publicamente respeito pela Web a nível global e defendendo a liberdade universal online. Com refere Timothy Garton Ash (2010: 27), sem ser tão radical como Ronald Reagan – quando, dirigindo-se a Gorbatchov, disse, em Berlim, «Senhor Gorbatchov, deite abaixo este Muro» -, Hillary disse, de facto: «Senhor Hu, deite abaixo este Grande Firewall»! Sobretudo, o que está em questão, com a actualíssima questão chinesa (ou iraniana), é a relação entre a universalidade da Rede, a liberdade individual e as soberanias nacionais. Questão que se põe à China ou ao Irão, outro protagonista da censura digital, e, em geral, àqueles que eram considerados, pelos «Repórteres Sem Fronteiras» (Alandete, 2010: 32-33), como «os 12 inimigos da Internet» (Cuba, Egipto, Coreia do Norte, Síria, Tunísia, Arábia Saudita, Vietname, Myanmar, Turkemenistão e Uzbekistão, além da China e do Irão), mas que se põe também às democracias ocidentais. É claro que a verdadeira questão é a questão da liberdade de informação e comunicação, sobretudo quando, por um lado, estamos perante uma escala global e um acesso globalmente livre (em teoria) e, por outro, estamos perante sistemas políticos nacionais mais ou menos autoritários, tradicionalistas ou fundamentalistas, que não podem conviver com a livre circulação da informação, vertical ou horizontal que seja. E também é claro que não podemos falar somente em liberdade política, de opinião, de informação e de acesso ao conhecimento. Falamos também de entretenimento, de acesso a bens, de comércio, de negócio, de actividade económica. De uma realidade muito bem retratada por Don Tapscott, na estimulante Introdução ao livro de Juan Luís Cebrián, La Red:

«o mundo desenvolvido está a deixar de ser uma Economia Industrial baseada no aço, nos automóveis e nas estradas para se converter numa Economia Digital baseada no silício, nos computadores e na rede» (Cebrián, 2000: 20).

Ou seja, falamos daquela transição que Nicholas Negroponte identificava, em «Being Digital», como passagem dos átomos aos bits (Negroponte, 1995: X). Mas falamos também da emergência de um universo que não está imune, bem pelo contrário, às práticas desviantes, como a pornografia infantil ou o terrorismo. Falamos, pois, do ponto de vista dos conteúdos, de mundividências, de estilos de vida, de informação e cultura, de economia, de política, de comunicação e de práticas reais, tudo conteúdos circulantes sob forma digital, mas com um impacto decisivo sobre países, grupos sociais e indivíduos singulares. É por isso que a questão não se põe só para os países governados por sistemas autoritários. Ela põe-se também para as democracias ocidentais, sujeitas como estão a desvios claramente incompatíveis com os grandes princípios por que se regem – desde a ciberpirataria até à pornografia ou à pedofilia difusas, ao terrorismo. Trata-se também aqui, afinal, da questão de uma regulação dos fluxos informativos e comunicacionais que circulam na rede universal, que não afecte, todavia, a liberdade responsável. A questão é, porém, bem mais complexa do que a que se põe aos meios de comunicação tradicionais, sabendo nós que, afinal, a própria regulação dos media tem sido tão sensível quão difícil e complexa, até quase à impraticabilidade. Porque a Rede tem uma dimensão global, tratando-se, ao mesmo tempo, de um sistema muito mais complexo, estruturado a partir de uma lógica relacional (a da relação «many-to-many», entre variáveis independentes), massificado, mas individualmente orientado, com diversas modulações de acesso, emissão, recepção e interacção e sem centros de comando equivalentes aos dos media tradicionais. Uma regulação, portanto, muito mais difícil e complexa. Além disso, neste mundo da globalização de processos e da comunicação continuam a manter-se as soberanias nacionais, as lógicas, os processos e as relações locais. E a própria natureza, por mais que se queira, ainda continua a caminhar com os ritmos implacáveis da sua própria e lenta temporalidade. De resto, alguém definiu esta coexistência com uma palavra de compromisso: glocal, ou seja, pensar global e agir local. E a questão também é esta: até que ponto a lógica global tenderá a colonizar a acção local? Ou, então: até que ponto a lógica local tende a reforçar-se e a criar mecanismos de defesa perante uma ameaça de colonização por parte de uma lógica global, exógena, externa? O problema, como se sabe, consiste em compatibilizar a preservação das identidades locais ou nacionais, a sua, digamos, soberania, com a assunção da lógica global, demarcando os planos em que se afirmam ambas. No fundo, é sempre a questão da relação entre sistema e indivíduo, entre universal e particular, lá onde é sempre indesejável que um subsuma o outro, sobretudo, aqui, onde desapareceram os mediadores. Foi por isso que se formulou essa ideia de traduzir o pensamento global na linguagem da identidade local: glocal. Mas a questão é incontornável: pode um Estado autoritário conviver com uma informação sem fronteiras – suportada, além disso, numa infra-estrutura global, como é a Rede -, mesmo que se trate de um despotismo iluminado? O que regressa sempre ao debate é a própria questão democrática. E, assim, a questão de um novo espaço público deliberativo que remete mais para o indivíduo singular do que para as grandes organizações. De resto, a questão da compatibilidade entre as identidades nacionais e uma cidadania universal (embora ele estivesse mais preocupado em fundamentar uma cidadania europeia) foi muito bem analisada e demonstrada por Habermas num excelente texto sobre «Cidadania e identidade nacional» (Habermas, 1991: 123-146). De qualquer modo, um novo espaço público deliberativo representará sempre a possibilidade de conversão decisional e institucional da deliberação pública, do que ocorre, sob forma pregnante, semanticamente intensa e virtualmente imperativa, no espaço público deliberativo.

O novo espaço público deliberativo e os seus inimigos

Castells identificou, em «Communication, Power and Counter-Power in the Network Society» (in «International Journal of Communication», Vol. 1, 2007), esta nova realidade da rede através do conceito de «mass self communication», de comunicação individual de massas. Conceito que até parece, à primeira vista, contraditório, já que a afirmação individual resiste à ideia de uma sua anulação nesse universo compacto das massas. Mas é por isso mesmo que ele é interessante, além de eficaz. Com efeito, quando se fala deste universo, na «mass self communication», fala-se na capacidade expansiva universal do sistema em rede, precisamente a partir de pólos individuais, mas múltiplos ao infinito. Lá onde o acesso é directo e sem mediações, mas onde, por isso mesmo, esta possibilidade de expansão está condicionada, à partida, pelas competências do próprio emissor individual, pela sua capacidade de produzir conteúdos consistentes e de os difundir no interior do sistema, pela sua genialidade e também pela sua capacidade de entrar no sistema dos media convencionais, ainda indispensáveis para uma boa difusão na própria rede. Trata-se, pois, de uma poderosa revolução que permite agir directamente no interior do espaço público como nunca antes acontecera. Um espaço público que, agora sim, pode ser considerado como um verdadeiro espaço público deliberativo. Mas é por isso mesmo que muitos – por exemplo, o próprio Castells – já começam a chamar a atenção para as manobras vastíssimas que se estão a verificar neste espaço, o da rede, não só através da sua ocupação, ou colonização, pelos media convencionais, no plano dos conteúdos e dos seus «agentes orgânicos», mas também internamente, por parte de grupos ou de países – como a China, com a sua «Grande Muralha de Fogo», ou seja, a censura online da República Popular – que temem que este se venha a transformar num perigoso espaço de contrapoder, ameaçador de uma ordem que não pode conviver com a liberdade própria deste novo espaço público deliberativo. Diz Castells: as elites dominantes vêem-se, assim, desafiadas por movimentos sociais, projectos de autonomia individual ou políticas insurreccionais que encontram um ambiente muito mais favorável nesse universo emergente da «mass self communication». Deste modo, ao que se assiste é a uma nova fase e a um novo modo de construção do poder no espaço de comunicação, quando os poderosos compreendem que é necessário responder ao desafio lançado pelos networks de comunicação horizontal. Que significa isto, diz ele? Significa ter necessidade de vigiar a Internet, como acontece nos USA, apesar de nem assim conseguirem evitar as constantes intrusões no seu sistema, designadamente por parte da China, tendo-se registado, só entre Janeiro e Junho de 2009, 43.785 casos de ciberpirataria, no que vem sendo uma subida exponencial desde 2000 (de 1415 para 87.570, em 2009) (Fonte: Reuter/La Repubblica); de controlar manualmente o correio electrónico, se não se dispuser de um robot em condições de o fazer com eficácia, como comprovado pelas últimas descobertas na China, onde, segundo Federico Rampini, 15.000 técnicos trabalham em permanência no controlo da informação, muitas vezes usando os mesmos métodos dos ciberpiratas; de tratar os utentes da Internet como piratas e vigaristas, como está abundantemente previsto na legislação da UE; de adquirir «sítios» da WEB de social networking, para controlar as suas comunidades; de adquirir as infraestruturas de rede para fazer discriminações nos direitos de acesso. Em suma, de recorrer a tantas tácticas de controlo e de delimitação daquele que é o mais recente modelo de espaço de comunicação. Isto diz Castells. E com isso ele quer dizer que esta grande revolução no espaço público começa agora, muito antes de ter despoletado a suas imensas e exponenciais capacidades, a conhecer ela própria a sua própria contra-revolução. Porque do que aqui se trata, de facto, não é ainda, infelizmente, da desejada regulação, mas de controlo, de censura e de ciberespionagem. Ou mesmo de desqualificação, por parte de personagens insuspeitos, como Finkielkraut ou Séguéla, que, num momento certamente menos feliz, ousaram considerar a Net como «poubelle de la démocratie» ou como «la plus grande saloperie jamais inventée» («Nouvel Observateur», Nov./Dez., 2009). Uma coisa é certa: o mundo não volta para trás e a natureza da Internet é tal que o controlo se torna cada vez mais difícil. E o que eu creio é que ela já nos trouxe mais coisas positivas do que negativas. E uma delas é a do poder que o indivíduo singular readquiriu, ao libertar-se desses intermediários («gatekeepers» do espaço público) que tendem sempre a transformar a própria mediação em princípio e fim do processo democrático. Como dizia Bill Gates: «a China, de qualquer modo, será melhor do que antes, graças a nós». Mas eu creio que não será só a China: será o mundo em geral.

A rede em ambiente autoritário: o caso chinês

O caso da China, de resto, é um caso que importa analisar, uma vez que as autoridades de Pequim, sobretudo a partir do famoso discurso de Al Gore sobre a «construção da autoestrada da informação», têm vindo a dedicar atenção crescente à rede, uma vez que consideram as novas tecnologias como um meio idóneo para melhorar a vida dos cidadãos, embora não tanto para aprofundar o seu nível de participação política, ou seja, como um meio que há que manter fundamentalmente no plano económico (Qiu, 2011: 140). Em 2003, os internautas chineses eram mais de 59 milhões, para cerca de 21 milhões de computadores ligados à rede, constituindo a terceira maior rede mundial de internautas, depois dos EUA (165,2 milhões, em 2002) e do Japão (61,1 milhões, em 2002). Mas, em 2007, já havia 210 milhões de utilizadores de Internet na China, um número muito próximo daquele que os EUA exibiam nessa altura, 216 milhões. Um ano depois, em 2008, segundo o CNNIC, o «Centro de Informação da Rede de Internet Chinesa», a China já dispunha de 253 milhões de utilizadores da Internet, o que o tornou no país com maior número de utilizadores do mundo (Castells, 2009: 370-371). O crescimento da rede é, na China, de facto, absolutamente exponencial. Com efeito, se em 2003 ele representava somente cerca de 4.5% da população, embora o ritmo de crescimento anual fosse absolutamente impressionante, 262% por ano, desde 1995 (data do início, quando existiam apenas 5 telefones por cada 100 habitantes) até 2003, em 2008, ele já representava cerca de 19,5% da população, com 253 milhões, e em 2012 (30.06) representava 40,1%, com cerca de 538 milhões de utilizadores, para uma população de 1.343.239.923 habitantes1. Mas a verdade é que, em 2003, os usuários ainda representavam, em boa medida, uma elite. Vejamos (dados de 2003): quando o rendimento per capita médio chinês era de cerca de 84 dólares, a média exibida pelos utilizadores de internet, entre 1997 e 2003, era de 164 dólares, quase o dobro; e quando a média chinesa geral de cidadãos com instrução superior correspondia a 3,6%, a média exibida pelos utilizadores de internet era de cerca de 72%. Ou seja, a Internet era ainda usada por uma elite: com dinheiro, com instrução superior, mas também com menos de trinta anos e masculina (Qiu, 2011: 143). Como contraprova, basta dizer que, correspondendo a população rural chinesa a 69% da população, somente um por cento era, nesta data, internauta. Outro dado interessante, para o nosso objectivo, é que 80% dos utilizadores visitavam, em 2003, páginas web nacionais, 13% páginas em chinês estrangeiras e só 6% liam conteúdos em línguas estrangeiras e em sítios web estrangeiros (Qiu, 2011: 144)2. Também estes dados dizem muito acerca das características dos utilizadores e das limitações com que os conteúdos circulavam na rede, facilitando, assim, a tarefa ao poder político instalado. Entretanto, a China já contava, em 2000, com cerca de 1.250.000 Kms de fibra óptica. Hoje, tudo mudou, com essa massa imensa de utilizadores de uma tecnologia que, por mais controlos que haja, tem efectivamente um enorme potencial libertador, com o qual os poderes terão cada vez mais de se confrontar.

Diz Jack Linchuan Qiu, investigador da «Annenberg School for Communication» da Universidade da Califórnia do Sul e cofundador do «Grupo Electrónico de Investigação em Internet da China»:

«A idiossincrasia mais intrigante da Internet na China é que, apesar do potencial libertador da tecnologia, a sua alta velocidade de crescimento possa manter-se dentro do marco do sistema político actual dominado pelo partido comunista» (2011: 150).

E esta é mesmo a questão que aqui nos interessa. Como se explica a convivência feliz de uma tecnologia libertadora num país politicamente autoritário e, mais ainda, com o poder político a apostar nela, como negócio? Será suficiente toda a parafernália de dispositivos de controlo estatal sobre a rede? O desenvolvimento que ela induz não acabará por suscitar fortes exigências de liberdade política? Ou a rede poderá ser colonizada ideologicamente pelo poder político, por um lado, controlando os fluxos do ciberespaço, por outro, pilotando os conteúdos através da influência sobre as elites (incluída a económica), embora cada vez mais esse «espaço intermédio» se esteja a transformar num imenso espaço público acessível a todos? A censura sobre a internet pode assumir a forma mais suave de «regulação»? Ou os conteúdos que nela circularão poderão ser, por um lado, enquadrados por uma forte hegemonia político-cultural do partido comunista e, por outro, por indústrias culturais e estilos de vida politicamente inofensivos, induzidos pelo poder instalado?

O problema é complexo, até porque se uma parte do poder político – por exemplo, os tecnocratas do Ministério da Indústria da Informação (MII), defensores de uma aceleração do desenvolvimento com base tecnológica – aposta fortemente na rede, já o «Comité de Direcção do Conselho Estado para a Informatização» (integrado por representantes do MII, mas também pelo Departamento de Propaganda do PCC, do Gabinete de Informação do Conselho Estatal, do Ministério da Segurança Pública, dos Serviços Secretos do Estado e do Exército de Libertação do Povo), a maior instância de decisão nacional sobre assuntos da rede, valoriza, mais do que a economia, a consolidação e a expansão do poder político chinês, logo, necessariamente o controlo apertado dos fluxos de informação. Assim sendo, é natural que o fluxo da rede esteja sujeito a normas de controlo muito apertadas, desde o início do processo (1996-1997):

(a) todo o tráfego internacional de Internet deverá passar por canais aprovados oficialmente;

(b) todos os fornecedores de serviços Internet deverão possuir uma licença; (c) todos os utilizadores de Internet deverão registar-se;

d) a «informação danosa, subversiva ou obscena» será proibida.

Outras iniciativas foram tomadas em nome da segurança na rede, emanadas das instituições encarregadas da segurança nacional (Ministério da Segurança PúblicaServiços Secretos, etc.). Em 2000, foram promulgados seis decretos reguladores relacionados com os segredos de Estado, com as operações comerciais on line, com os serviços de informação e de notícias e com a segurança na rede, visando sobretudo os fornecedores de conteúdos: licenças especiais, informações detalhadas sobre os utilizadores da rede, proibição de titularidade de acções por empresas estrangeiras nas empresas de fornecimento de conteúdos.

A «regulação» revelava, de facto, segundo Qiu, uma «cultura empresarial de censor» (Qiu, 2011: 151). Este sistema de «regulação» é garantido por inúmeros agentes ligados às forças de segurança. De resto, a China ficou conhecida pela famosa «Grande Muralha de Fogo» (Great Firewall), que bloqueia o acesso a informação considerada prejudicial, amplamente definida, talvez até cerca de 10% dos sítios da World Wide Web (Qiu, 2011: 152). Segundo Castells, «uma série de sítios web de todo o mundo, incluídos alguns dos principais meios de comunicação do ocidente, como o “New York Times”, estiveram bloqueados durante certos períodos e alguns dos sítios mais populares, como o Youtube, estiveram encerrados na China em momentos críticos». Na verdade, só os sítios mais conhecidos estão bloqueados. A maioria dos sítios web, incluídos os dos principais meios de comunicação ocidentais, só estão bloqueados em períodos de tempo limitados (2011a: 372). As instituições utilizam também tecnologias intranet e de rastreio avançadas, tal como programas para filtrar conteúdos, como o famoso «Projecto escudo dourado» (cuja criação foi confiada à CISCO), o sistema de bloqueio mais sofisticado do mundo. De facto, a partir de 2002 o processo de bloqueio sofisticou-se ainda mais e tornou-se mais agressivo. E a verdade é que quem se atrever a passar a linha vermelha marcada pelas autoridades arrisca-se a ter perturbações no seu terminal e a ir parar à prisão. Isto, como se compreende, cria dificuldades ao desenvolvimento e ao próprio investimento estrangeiro, que encontra uma rede agrilhoada, menos rápida, menos eficiente e menos livre. Mas se isto é verdade, também é verdade que, do ponto de vista interno, esta frenética e vasta actividade de controlo encontra os seus clientes, gerando postos de trabalho e boas oportunidades empresariais, no interior do quadro normativo definido pelo Estado.

E, todavia, este vasto sistema de controlo dos fluxos da rede chinesa não consegue controlar eficazmente os utilizadores individuais. Por exemplo, é possível usar a rede nos cibercafés, usando cartões online pré-pagos. Por outro lado, os utilizadores conseguem iludir os sistemas de vigilância utilizando uma linguagem menos directa, iludindo os sistemas automáticos de detecção. No seu estudo sobre a eficácia real do controlo da Internet na China, Fan Dong descobriu que, nos fóruns de internet sobre a China, os temas mais delicados (Falun Gong, Tiananmen) não eram tratados directamente em nenhum foro (Castells, 2011: 374). E também é claro que os movimentos mundiais não alinhados com a China dispõem de recursos de Internet capazes de iludir a rede de controlo chinesa.

A situação não é, como se vê, linear. O sistema chinês de censura, por um lado, tem vindo a agir por reacção a posteriori perante condições não previstas e, por outro, funciona em registos paralelos, ou não convergentes, uma vez que não se verifica uma clara hierarquia de funções neste domínio, coexistindo instituições com lógicas claramente diferenciadas como, por exemplo, por um lado, a da economia e do desenvolvimento acelerado e, por outro, a da política de um Estado autoritário; por outro lado, ainda, visto o crescimento deste sistema, o que se está a verificar é uma progressiva aliança estratégica com a indústria global das tecnologias da informação, designadamente pelo interesse dos grandes grupos económicos globais em actuarem na China, o que os leva a estreitar relações de compromisso com o poder de Pequim (Qiu, 2011: 154-155).

Num contexto destes, com real asfixia de tudo o que dificilmente o regime poderá tolerar, ganham margem de manobra no ciberespaço chinês tendências induzidas pelo próprio desenvolvimento da sociedade chinesa. Refiro-me, por um lado, à emergência do consumismo e da mundividência que ele transporta consigo e, por outro, ao nacionalismo, enquanto expressão de uma vontade nacional de desenvolvimento rápido promovido pelas tecnologias da informação e de afirmação no contexto mundial, relançando a China como potência tecnologicamente avançada, mas também enquanto ideologia política muito interessante para o poder político instalado. Jack Qiu considera que estas duas referências definem o essencial da identificação do universo dos internautas chineses3.

A situação chinesa, do ponto de vista da rede, tem estado, portanto, sob controlo, pelos vários factores já identificados, entre os quais o consumismo e o nacionalismo, a atraente dimensão do mercado chinês, o regresso de emigrantes em condições de alavancarem a economia chinesa, as relações com as empresas multinacionais. Mas, como diz Qiu,

«mantém-se a promessa de que a rede traga maior liberdade ao Reino Médio, porque, concomitantemente com o auge tecnológico, uma sociedade civil madura está a emergir decididamente no mundo virtual e na realidade da China contemporânea. À medida que continuem proliferando as limitações políticas e económicas, a esfera das comunicações não reguladas continuará a expandir-se em direções imprevistas porque, fundamentalmente, são as necessidades de informação de milhões de internautas chineses as que produzem formas criativas de alcançar a informação» (2011: 160; itálico meu).

Certamente. Mas aqui estamos num universo politicamente fechado, onde a rede, sendo desejada, pelos adeptos do desenvolvimento acelerado, é também temida pela sua potência libertadora, numa sociedade onde a comunicação é entendida como simples meio instrumental, seja como alavanca de desenvolvimento económico seja como canal veículo de propaganda, mas nunca como ambiente onde se constrói a dinâmica do poder legítimo e onde se pode afirmar a liberdade a partir do indivíduo singular.

Combinados os factores que poderão limitar os efeitos disruptivos da rede sobre o sistema político chinês poder-se-á supor que, no essencial, a situação até poderá ser controlada pelas autoridades de Pequim. O enorme dispositivo de controlo tecnológico da rede, que poderá até contar com a ajuda silenciosa das grandes multinacionais, o quadro político-cultural chinês com hegemonia da ideologia oficial, o complexo do sistema mediático de comunicação controlado pelo poder político, a emergência de uma nova ideologia do consumo decorrente do crescente afluxo de novos bens de consumo, tangíveis e intangíveis, à sociedade chinesa, o despertar de um nacionalismo de «grandeur» nacional de inspiração desenvolvimentista e de potência mundial, acarinhado pelo poder de Pequim – tudo isto poderá abrir um quadro evolutivo da rede e de conteúdos que poderão ser inteligentemente harmonizados, por um lado, com uma nova sociedade de mercado em plena expansão e, por outro, com um ordenamento político fechado e autoritário cada vez mais virado somente para os nós críticos do sistema. É uma situação que merece um acompanhamento permanente, precisamente porque nela pode residir a chave resolutora de um paradoxo que entra pelos olhos de todos nós. Sobretudo quando assistimos nas sociedades ocidentais livres à emergência política da rede com efeitos verdadeiramente disruptivos sobre o sistema. É o que está a acontecer em Itália, como veremos de seguida.

A rede em ambiente democrático: o caso italiano

«È in corso una guerra tra due mondi. Tra due diverse concezioni della realtà». [Guerra] «nascosta dai media, temuta dai polítici, contrastata dalle organizzazioni internazionali, avversata dalle multinazionali». «Questa guerra totale (…) è dovuta alla diffusione della rete». «I giornali stanno scomparendo, poi verrà il turno delle televisioni… tutta l’informazione confluirà in rete e chiunque potrà diventare prosumer, ossia al tempo stesso produttore e fruitore dell’informazione». «La partecipazione diretta dei cittadini alla cosa pubblica sta prendendo il posto della delega in bianco».

Isto dizem Gianroberto Casaleggio e Beppe Grillo, em «Siamo in guerra. Per una nuova política» (2011: 3-4), introduzindo desde logo um novo conceito para identificar o cidadão digital, naquela que é a diferença essencial relativamente ao cidadão da era mediática: prosumer.

1. A emergência do «prosumer» político

Beppe Grillo e Gianroberto Casaleggio, o seu «Spin Doctor», na apresentação do seu livro, estabelecem já todo um programa: guerra entre duas concepções do mundo, induzida pela rede, que acabará por substituir toda a velha parafernália comunicacional, onde cada cidadão se pode tornar «prosumer» e, neste mesmo registo, se pode tornar governante no lugar dos velhos representantes de má memória…

Aqui está o programa de uma nova formação política quer surgiu no seio de uma democracia consolidada, num importante País ocidental, economicamente poderoso e onde está a acontecer, de facto, o mais importante fenómeno político da rede dos nossos dias. Fenómeno que parece emergir num ambiente equivalente, mas consequente ao que viu surgir Berlusconi, em 1994. Fenómenos – ambos – únicos em todo o mundo, e que confirmam a Itália como o mais interessante laboratório político que se conhece, pelo menos desde a Marcha sobre Roma, em 1922.

Na verdade, é possível concluir que se Berlusconi representou o último estádio da sociedade mediática e da «democracia do público» (veja-se, a este respeito, o meu livro sobre «Media e Poder»: Santos 2012), Grillo surge verdadeiramente como o seu sucessor, embora num registo alternativo, ou seja, no interior de um novo e revolucionário paradigma comunicacional e político: o da rede. Comodizem Ceccarini e Bordignon:

«Politics and the parties are being shaken by a deep crisis of legitimacy. Economic problems, judicial investigations and lack of faith in the political class recall the situation in the early 1990s, when an already weakened system imploded under the impetus of the ‘Clean Hands’ judicial investigations. This prompted the so-called Italian political transition towards the Second Republic. Berlusconi’s entry into politics in 1994, and the twilight of Berlusconism that began in the Autumn of 2011, with the fall of his government, delimit this long phase. Now, the country is witnessing the beginning of a new transition. Where it will lead is hard to determine, but the M5S is certainly one of the major protagonists» (Bordignon e Ceccarini, 2013).

É isto mesmo que urge compreender, a nova transição, com a rede, depois de consolidada a superação definitiva da era dos «partidos-igreja» em Itália (por exemplo, da DC e do PCI), por obra, certamente, da queda do Muro de Berlim, do furacão mãos-limpas e da irrupção em cena dos media como directos protagonistas políticos, pela mão de Silvio Berlusconi. Esta transição durou quase vinte anos, mas não foi provavelmente uma transição para uma estável «democracia do público», uma vez que, 19 anos depois, irrompe de novo em cena um protagonista que já está a ameaçar os fundamentos inacabados da revolução berlusconiana. E esse protagonista, Beppe Grilo, vem bem acompanhado, ou seja, emerge na rede. Numa palavra, poderíamos dizer que passámos, assim, do tempo dos «cach all media», dos «catch all parties», dos «partidos do público» e da «democracia do público» para um novo tempo, o que vê afirmar-se cada vez mais o modelo «digital» de comunicação e de política«catch all net», com o seu novo modelo de poder, o «poder diluído», na sua moldura digital (veja-se a este propósito Timoteo, 2005), e com um novo modelo de cidadão: o «prosumer», produtor e consumidor de política e de informação.

É claro que esta passagem não é radical, embora o M5S abomine e ataque frontalmente os media tradicionais, que, todavia, estão presentes – sobretudo a televisão – como importantes fontes de informação. Não é radical também porque muitos – mesmo dentro do movimento – consideram que Beppe Grillo e Gianroberto Casaleggio, afinal, usam a rede de forma autoritária, instrumental e unidireccional, precisamente como acontecia com os media tradicionais, sendo, por outro lado, também certo que os restantes partidos, sobretudo o PD e o PDL, também a usam de forma intensa. E, todavia, o Movimento Cinque Stelle representa, de facto, uma novidade, precisamente do ponto de vista da rede. Dizem Lorenzo Mosca e Cristian Vaccari, em «Il movimento e la rete» (Corbetta e Gualmini, 2013), tomando em consideração o período eleitoral que ocorreu entre 2010 e 2012:

«O interesse e o consenso conquistados pelo «Movimento 5 Stelle» e pelos seus candidatos nas eleições autárquicas foram frequentemente considerados o sinal de uma mudança nas modalidades e nas formas da comunicação política em Itália. Em particular, os candidatos «5 Stelle» resultaram menos visíveis nos mass media em relação aos outros partidos principais, mas compensaram, pelo menos em parte, esta desvantagem através da web. A Internet foi escolhida por Beppe Grillo e pelos activistas do Movimento como a arena principal para lançarem o desafio aos partidos, à classe política e, não por último, ao sistema de informação. Não foi por acaso que o segundo V-Day, em Turim, a 25 de Abril de 2008, teve como alvo a “casta dos jornalistas” e os mass media. E é opinião comum que os eleitores do Movimento têm uma relação particularmente estreita com a rede, muitas vezes considerada instrumento alternativo e não complementar aos mass media, em particular à televisão, que nas últimas duas décadas foi o coração da comunicação política em Itália» (2013: 169).

Com efeito, se é certo que as diferenças quantitativas entre os candidatos do Movimento e os dos dois maiores partidos, do ponto de vista do uso da rede, não foram muito significativas, de realçar, todavia, é a diferença no uso da rede pelos apoiantes do M5S, não só para obtenção de informação, mas também do ponto de vista da participação activa destes nos circuitos de informação do Movimento: «os resultados confirmam, portanto, a hipótese de que a Internet é bem mais relevante como fonte de informação para os apoiantes do Movimento do que para os dos outros partidos» (2013: 184). Mas, mais: «para o M5S a Internet não é só um canal com o qual se chega a uma parte consistente do eleitorado, evitando a mediação jornalística. A rede é também um potente multiplicador destes conteúdos porque activa e facilita a comunicação interpessoal dos simpatizantes do Movimento, que utilizam intensamente os ambientes de informação e de discussão política on line para formar e difundir as suas opiniões». «Deste ponto de vista», continuam os autores, é sobretudo «das dinâmicas de difusão, desde baixo, de conteúdos e opiniões na rede, mais do que através de uma maior capacidade e intensidade de utilização da web por parte dos seus candidatos locais, que parece derivar o sucesso do Movimento na rede» (2013: 192-193). Ou seja, parece não haver dúvidas de que os simpatizantes do Movimento partilham de facto de uma «cultura de rede», ao contrário dos simpatizantes dos partidos tradicionais que tendem a vê-la como um mero instrumento de difusão de mensagens. A diferença, portanto, reside mais na base do que nos protagonistas. Ou seja, o Movimento tem mais sucesso nos ambientes que vivem uma «cultura de rede» do que propriamente nos protagonistas políticos formais. E esta é uma diferença absolutamente vital.

2. Os factos

Mas vejamos os factos. O que se passou nas eleições italianas de Fevereiro de 2013 só vem confirmar, de forma muito significativa, o que já estava a acontecer no plano das eleições locais e, sobretudo, representa uma nova fuga para a frente, depois do que já acontecera em 1994, com Silvio Berlusconi. Com efeito, em muito pouco tempo, um movimento saído (quase) do nada transformou-se na primeira força política italiana. O «Movimento Cinque Stelle», de Beppe Grillo, obteve na Câmara dos Deputados 8.689.458 votos, equivalentes a 25,55% do eleitorado que votou. Este resultado fez dele a primeira força política italiana (em número de votos para a Câmara de Deputados), à frente do Partito Democratico (de Bersani) e de Il Popolo della Libertà (de Berlusconi). Mario Monti («Rigor Montis», como lhe chama, sarcasticamente, Grillo) ficou-se pelos 8,30%. Vistas as circunstâncias, Grillo e Berlusconi foram os grandes vencedores das eleições. Mais recentemente, nas eleições de quatro de Março de 2018 o M5S viria a tornar-se, em absoluto, o primeiro partido político italiano, com cerca de 14 pontos à frente do Partido Democrático, 15 da LIGA e 18 de Forza Italia, preparando-se, agora, para, juntamente com a LIGA, para governar o País, com Presidente do Conselho Giuseppe Conte.

Tendo-se tornado um proscrito do sistema televisivo, depois de ter contado na TV uma sarcástica anedota sobre os socialistas de Bettino Craxi4, o então Secretário-Geral do PSI, Grillo fez da sátira política o centro do seu discurso, nas praças, teatros ou pavilhões desportivos italianos, mobilizando um público farto da classe política, daquela «Casta» de que falam Sergio Rizzo e Gian Antonio Stella no livro, demolidor e de estrondoso sucesso, «La Casta» (Milano, Rizzoli, 2007, com 20 edições no mesmo ano). O seu blogue surge em 2005, mas poucos anos depois já era considerado, por The Observer e pela Revista Forbes, um dos mais influentes do mundo. O M5S é criado em 2009, iniciando a sua movimentação nas eleições autárquicas e reforçando cada vez mais o seu peso político (obteria 4 presidências de Câmara nas eleições autárquicas de 2012, entre as quais a de Parma, e tornar-se-ia o maior partido na Sicília). Não se trata de um movimento qualquer. Movimento da rede, vive da revolta ética e de uma retórica cómico-sarcástica contra a classe política e contra o establishment mediático5. Ou melhor, contra a promiscuidade entre media e política que sempre se verificou em Itália e que se tornou elemento central de denúncia, de crítica e de radical rejeição por parte do M5S (Mosca e Vaccari, 2013: 170). Portanto, nasceu, desenvolveu-se e consolidou-se na rede: beppegrillo.it. Tal como Berlusconi, também Grillo se alimenta da revolta ética, mas no interior de um novo paradigma: movimento digital, procura dar voz à novíssima onda dos «indignados». Do que se trata é de algo muito forte que vem emergindo na sociedade, sem que os agentes tradicionais (partidos) lhe estejam a dar a devida atenção, não só incorporando esta nova lógica da comunicação, sem fins puramente instrumentais, mas sobretudo reconfigurando-se radicalmente em função do novo paradigma emergente. Este Movimento, que nasce no interior deste novo paradigma, acabou por captar eleitoralmente significativas faixas eleitorais provenientes quer do centro-esquerda quer do centro-direita6, demonstrando, assim, assumir uma clara identidade pós-ideológica. Um movimento que, à semelhança do que acontecera com Berlusconi, e mais em geral com os movimentos de inspiração populista, surge num ambiente de profunda crise política e económico-financeira e aponta o dedo em riste, perante os italianos, aos culpados: o establishment político e o establishment mediático. Ou seja, aponta o dedo aos dois elementos centrais do sistema político.

3. Neopopulismo digital?

Esta questão – a do populismo – é, de facto, levantada por vários autores. Por exemplo, por Roberto Biorcio e Paolo Natale (2013) ou por Piorgiorgio Corbetta (2013). Vejamos, com Corbetta, esta questão.

É verdade que as tendências populistas nascem e crescem em ambientes de grande incerteza, de crise e de forte desgaste das instituições, o que, de certo modo, se verificou quer no caso de Berlusconi (com «tangentopoli») quer no caso de Grillo. Corbetta di-lo e desenvolve uma interessante análise de verificação da natureza do M5S relativamente ao populismo. Por um lado, reconhece que o M5S alinha mais com a tendência a repor a centralidade da ideia de «povo-soberano» do que as que propõem a centralidade do «povo-classe» ou do «povo-nação». O «povo-soberano» retomaria assim a soberania nas suas mãos, retirando-a dos representantes. Rousseau ao vivo, agora com uma plataforma digital, precisamente a Plataforma Rousseau:

“Rousseau è la piattaforma del MoVimento 5 Stelle dove puoi esperimere le tue idee e sostenere le sfide in cui credi, proponrendo disegni di legge, votando le leggi proposte da altri utenti che ritieni più utili o urgenti, e portando tematiche di interesse collettivoall’attenzione dei nostri Portavoce. Il cambiamento è anche nelle tue mani, a partire da qui. Accedi a Rousseau”.

As outras duas ideias estariam longe do M5S porque nem ele se reconhece, por um lado, como representante dos excluídos e marginalizados do processo de desenvolvimento nem, por outro lado, exibe uma identidade comunitária assente em afinidades culturais, linguísticas, de sangue, históricas, etc.. Neste sentido, o M5S exibe uma identidade política muito clara: contra a representação política, contra o mandato não imperativo. Mas ele exibe também outra característica afim aos movimentos populistas, a do líder carismático, qual substituto da classe dos representantes e intérprete oracular e legítimo dos sentimentos difusos do povo soberano. O líder seria, então, o depositário de um mandato fiduciário para agir em nome do povo, não com a lógica racional da representação, mas com a pulsão emocional de uma pertença imanente ao povo. Esta característica própria dos populismos ganha, todavia, no M5S uma originalidade que não existia antes: o povo-soberano tem hoje, através da rede, canais permanentes de expressão da sua vontade junto do líder e dos «comissários» que não existiam antes e que podem dar expressão a uma prática deliberativa mais avançada do que a velha representação política exclusiva. E esta é uma característica nova, relativamente aos populismos clássicos. Por outro lado, o recurso a esta nova tecnologia de participação política inaugura também uma outra novidade em relação ao passado. Ou seja, quando os populismos tendiam sempre a exprimir a voz dos excluídos do progresso, daqueles que estavam a ficar à margem do movimento histórico, assumindo-se generalizadamente como anti-modernos, o M5S apresenta-se precisamente como o porta-voz da modernidade: «como se pode facilmente ver, com o M5S encontramo-nos num planeta completamente diferente: o povo ao qual apela Beppe Grillo não «é o povo “simples e humilde”, mas é o povo sofisticado da web; não nasce do desconforto perante a modernidade, mas da própria modernidade» (Corbetta, 2013: 203). Ou seja, o M5S apresenta originalidades tão significativas em relação aos velhos populismos que o colocam muito longe dessa tradição: moderno ou mesmo «pós-moderno», praticante de uma autêntica «cidadania activa» através da rede e fautor de uma nova «democracia deliberativa» que tem o líder como garante, sim, mas que acciona uma permanente participação do povo soberano na decisão política. É neste sentido que o M5S promove uma autêntica reviravolta no processo político: não procura enxertar mecanismos de democracia directa no sistema representativo, antes procurando enxertar o sistema «representativo» na democracia directa, naturalmente alterando profundamente a natureza do próprio mandato (Corbetta, 2013: 197-214; veja-se também Biorcio e Natale, 2013: 135-151). E, de facto, próprio “Contrato de Governo para a Mudança” (draft de 17.05.2018) que assinou recentemente com a LIGA é possível encontrar algumas iniciativas que vêm reforçada a componente de democracia directa no sistema, por exemplo, através do reforço e do alargamento do referendo, da iniciativa popular, da cidadania digital de nascimento e gratuita e da introdução de vínculos de mandato.

4. Catch all Net

A verdade é que se Berlusconi representou, a seu tempo, uma viragem relativamente à forma tradicional de fazer política, radicalizando o modelo mediático de comunicação política, «catch all media», que em teoria política se chama «catch all party», e invertendo a fórmula clássica da relação entre a oferta e a procura (a procura passava a anteceder a oferta, exactamente ao contrário do que acontecia na fórmula clássica), agora, Beppe Grillo está a fazê-lo também, mas traduzindo em política a emergência da rede nas nossas vidas e a sua extraordinária capacidade de mobilização instantânea, apelando a todos sob a forma de apelo a cada um, individualizado: «catch all net». Castells chama-lhe «mass-self communication», comunicação individual de massas. Grillo e Casaleggio enunciam, em «Siamo in Guerra», aquela que eles definem como a «lei da rede»: «cada um vale um». A rede permite, de facto, a emergência da singularidade, sem recurso a organizações, apoios, gatekeepers, dinheiro: «somos todos jornalistas», diz Grillo. Requer, simplesmente, genialidade individual, recursos intelectuais, criatividade, inovação na narrativa. Grillo começa a propor formas de democracia pós-representativa, ou seja, à medida que vai criticando a velha forma de representação política separada – «to change [Italy], politicians have to be replaced by the citizens» – propõe, no programa político original que apresentou aos italianos7, uma «cidadania digital» obtida à nascença e concretizada através de um acesso universalmente gratuito à rede: «cittadinanza digitale per nascita, accesso alla rete gratuito per ogni cittadino italiano». Por outro lado, as decisões relevantes são postas à discussão no sítio do M5S e através da Plataforma Rousseau. Os temas – para além (a) da crítica às elites políticas e mediáticas, (b) da promoção de uma cidadania digital que substitua a velha representação centrada na separação entre governantes e governados entre produtores de informação e cidadãos8 e (c) da promoção da rede e dos instrumentos digitais como meios de libertação – são mais próprios dos movimentos do que dos partidos e mais próximos das «policies» locais do que das nacionais9: água, ambiente sustentável, energia, transportes, desenvolvimento, alimentos de qualidade, conectividade, serviços sociais. Os cinco primeiros objectivos correspondem, como diz Elisabetta Gualmini (Corbetta e Gualmini, 2013: 12; veja-se também Vignati, 2013: 48-49), às cinco estrelas inscritas no nome de um movimento, o M5S, que não é verdadeiramente um partido. Melhor: que é uma não-associação, como se autodefine10. Na verdade, o M5S, tal como o define o sítio do movimento (agora em beppegrillo.it), é:

«una libera associazione di cittadini. Non è un partito politico nè si intende che lo diventi in futuro. Non ideologie di sinistra o di destra, ma idee. Vuole realizzare un efficiente ed efficace scambio di opinioni e confronto democratico al di fuori di legami associativi e partitici e senza la mediazione di organismi direttivi o rappresentativi, riconoscendo alla totalità dei cittadini il ruolo di governo ed indirizzo normalmente attribuito a pochi».

Como se vê, o M5S é uma «livre associação», ou seja, uma associação aberta a todos os cidadãos, sem as mediações de estrutura próprias de partidos ou associações que filtrem os actos de uma cidadania livre, através de uma dinâmica representativa. À totalidade dos cidadãos está confiada aquela capacidade de orientação e de governo que antes estava confiada somente aos representantes. E como? Através da Rede. O processo está descrito no «Código de Comportamento dos Eleitos do Movimento 5 Estrelas no Parlamento»: «L’obiettivo principale dei parlamentari eletti è l’attuazione del Programma del M5S, in particolare per i principi della democrazia diretta come il referendum propositivo senza quorum,  l’obbligatorietà della discussione parlamentare con voto palese delle proposte di legge popolare e l’elezione diretta del parlamentare». Os cidadãos poderão votar, na Rede (no Portal do Movimento), propostas de lei que, em certas condições, deverão depois ser apresentadas pelo Grupo Parlamentar do MoVimento:

«Le richieste di proposte di legge originate dal portale del MoVimento 5 Stelle attraverso gli iscritti dovranno obbligatoriamente essere portate in aula se votate da almeno il 20% dei partecipanti. I gruppi parlamentari potranno comunque valutare ogni singola proposta anche se sotto la soglia del 20%».

Não há, pois, dúvida de que o M5S se constituiu como um canal de comunicação da cidadania com a mais alta instância do poder, da forma mais expedita de que há memória, através da rede, dando uma nova configuração ao velho mecanismo de iniciativa popular, agilizando-o, não só através da funcionalização do grupo parlamentar ao instituto da iniciativa popular, mas também baixando drasticamente as exigências regulamentares, designadamente no número de intervenientes no processo. Vejamos uma simples amostra das exigências do mecanismo de iniciativa popular em Portugal, Espanha, Itália e Brasil:

1. em Portugal, são necessários 35.000 eleitores intervenientes no instituto da iniciativa popular, designado por «iniciativa legislativa dos cidadãos» (n.º 1, art. 6, Lei 17/2003, de 4.06, com as alterações introduzidas pela Lei 26/2012, de 24.07);

2. em Espanha são necessárias assinaturas de 500.000 eleitores (n.º 3 do art. 87 da Constituição);

3. em Itália são necessárias 50 mil assinaturas (art. 71 da Constituição);

4. no Brasil é necessário 1% dos eleitores, distribuído por um mínimo de 5 Estados federados  (§2 do art. 61 da Constituição) .

Se o instituto da iniciativa popular, tal como o referendo, era um instituto de democracia directa enxertado no sistema representativo, esta prática do M5S parece inscrever-se numa lógica inversa, a de usar instrumentalmente o sistema representativo para introduzir em pleno a democracia digital directa. «Obiettivo, nemmeno tanto implícito», dizem Gianluca Passarelli, Filippo Tronconi e Dario Tuorto, em «Una rivoluzione democratica o solo un altro partito?» (Corbetta e Gualmini, 2013: 123), «è quello di innescare una rivoluzione democratica, improntata alla partecipazione diretta dei cittadini nella gestione della cosa pubblica, in antitesi con il modello di democrazia rappresentativa». É como se o espaço público deliberativo digital passasse a estar dotado de comissários junto das instituições capazes de accionar institucionalmente as deliberações. Este sistema representaria, assim, o regresso do vínculo de mandato e o fim do mandato não imperativo, anulando aqueles que são os princípios-base do próprio sistema representativo. Com já disse, no “Contrato para o Governo da Mudança” já está prevista a introdução de vínculos de mandato (de que, dizem, a alínea c) do artigo 160.º da Constituição Portuguesa é exemplo).

5. Democracia digital

O M5S, por um lado, não surgiu promovido pelos «media» e, por outro, não resultou directamente de movimentos orgânicos. O «M5S», de beppegrillo.it, é um movimento que nasceu, cresceu e se desenvolveu na rede, sobretudo a partir do Blog de Beppe Grillo e do Meetup de 2009, sob a batuta do cómico-político, único proprietário da «marca» «MoVimento 5 Stelle» («Il nome del MoVimento 5 Stelle viene abbinato a un contrassegno registrato a nome di Beppe Grillo, unico titolare dei diritti d’uso dello stesso»), ainda que apoiado pela empresa de Gianroberto Casaleggio, a «Casaleggio Associati», que lhe prepara e desenvolve todo o processo organizativo e comunicacional. A seu tempo, já fora muito estranho que um empresário de «media», através de uma auto-organização política desenvolvida ao longo de cerca de nove meses, acabasse por vencer as eleições e chegar a Presidente do Conselho de Ministros, rompendo com uma antiga tradição de separação funcional entre gestão da economia e gestão política. A sua retórica fora a mesma de Grillo: fora com os «politicanti senza mestiere», os politiqueiros sem profissão! Uma retórica fundada na revolta ética contra a velha classe dirigente devastada pelo furacão de «tangentopoli», sobretudo democratas-cristãos e socialistas, mas fundada também na exigência de entregar a política a pessoas que tivessem profissão fora da política. O mesmo que agora reivindica, de forma mais radical e alargada, Beppe Grillo. Berlusconi quis tirar a gestão política das mãos dos políticos «sem profissão», entregando-a a profissionais de sucesso, como ele próprio. Grillo quer entregar a política aos cidadãos, acabando com a representação. O primeiro vivia no mundo dos «media» e, a partir daí, fez o assalto ao Poder, concebendo a política como «continuação do audiovisual por outros meios». Agora, o segundo, que já vive no mundo da rede e que recusa também o establishment mediático (no Código de comportamento dos eleitos do M5S no Parlamento existe uma cláusula que aconselha os Deputados a evitar os «talk shows» televisivos: «Evitare la partecipazione ai talk show televisivi»), quer acabar de vez com a representação política, transformando a democracia italiana em «democracia digital». Se o primeiro ainda via a política como assunto de elites, o segundo vê-a como assunto de cidadãos ou, melhor, de internautas. Grillo fala de «cidadania digital» e de acesso universal gratuito à rede. E o seu «spin doctor», Gianroberto Casaleggio, entretanto falecido, publicou um vídeo com as grandes linhas da nova utopia: «gaia – the future of politics». (http://www.youtube.com/watch?v=sV8MwBXmewU ).

Conclusão

Não há dúvida que o caso italiano confirma – e de forma estrondosa, visto o recente sucesso eleitoral – o que muitos vêm dizendo há muito tempo. Ou seja, que a política não só já não pode prescindir da rede, como também já não pode prescindir da lógica que a rede induz: a lógica de um «poder diluído» (Jesús Timoteo), que é mais amigo do indivíduo singular do que das grandes organizações, políticas ou mediáticas. Pelo menos, no que diz respeito ao processo de formação do consenso. Este processo já não pode ser abordado com a lógica das grandes organizações, mas sim com a lógica da rede, que é a do indivíduo singular e interactivo. Ou seja, a rede não é um mero instrumento – igual aos outros – para chegar ao maior número possível de eleitores. Ela é muito mais. Foi por isso que a partir dela se começou a construir muitas utopias de democracia directa. O M5S está a tentar fazê-lo no seu interior. Só que a coisa é mais complexa do que parece, após as eleições legislativas de 2013, quando o M5S foi convocado, de forma muito substancial, à gestão de um poder institucional dotado de regras muito bem definidas para o exercício do poder, mas sobretudo agora que foram chamados a responsabilidades governativas. Se é verdade que no processo de construção do consenso a rede é cada vez mais decisiva, também é verdade que não só a lógica de poder diluído que ela induz é altamente problemática: (a) quando se trata de gerir o poder institucional, (b) com as regras que o próprio exercício decisional no interior das instituições políticas supõe, (c) com as teias de compromissos que a decisão política exige, (d) com as malhas constitucionais que delimitam o alcance das decisões, (e) com os corpos sociais organizados em torno dos seus interesses e das suas indiossincrasias e (f) com a velocidade de decisão necessária e os imprevistos que sempre acompanham o exercício do poder!

A experiência de Grillo será – sobretudo agora, no governo – muito útil para se compreender a outra face da Rede, ou seja, a do directo embate com a concreta gestão do poder. Se é claro o papel da rede no processo de acesso ao poder, já não é assim tão clara a conversão deste mesmo processo em termos gestão ou de exercício do poder institucional. E a grande questão reside numa simples palavra: representação11. Conhecendo a longa história da representação política (formulada admiravelmente por Locke, em 1790, no último parágrafo do «Segundo Tratado sobre o Governo, §243), as razões do seu aparecimento, não será fácil superá-la, ainda que hoje disponhamos de meios fantásticos de decisão on line, seguros e velocíssimos. E a razão é verdadeiramente prosaica: tem a generalidade dos cidadãos as competências, o saber e a disponibilidade para entrar no complexo e absorvente circuito do processo decisional público? E as lideranças carismáticas poderão constituir a melhor garantia de processamento democrático da decisão pública? O exemplo do M5S, dotado de dois consistentes grupos parlamentares no Parlamento Italiano, agora maioritários, e de responsabilidades governativas centrais, será muito importante para compreendermos as verdadeiras vias da nova transição.

BIBLIOGRAFIA.

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NOTAS.

1. http://www.internetworldstats.com/stats3.htm (acesso em 18.08.2013).

2. Os acessos são feitos a partir de casa (63%), dos escritórios (43%) e dos cibercafés (20%) (Qiu, 2011: 145).

3. Mas veja-se também o que diz Castells, em «Comunicación y Poder», sobre o assunto, indo na mesma direcção de Qiu: «Entre los estudiantes y los jóvenes en general, la principal ideologia política que genera una gran simpatia es el nacionalismo, especialmente contra Japón y Taiwán». (…) «Si a esto sumamos el echo de que más de dos tercios del uso de Internet en China es para entretenimiento, y que la principal preocupación de los urbanitas con educación, que son el grueso de los usuarios de Internet,es el consumo, muy bien pudiera ser que el gigantesco sistema desplegado por el gobierno chino para controlar Internet sea más bien un reflejo del pasado que una necesidad real» (Castells, 2011: 375). O que, todavia, fica por demonstrar, em especial se não se tiver em conta a poderosa máquina da autocensura, quando o sistema está todo ele construído com base na lógica da proibição: «é proibido tudo aquilo que não é permitido».

4. Novembro de 1986, no programa Fantastico 7, Grillo conta uma anedota sobre os socialistas de Bettino Craxi, então Presidente do Conselho de Ministros: «La cena in Cina. C’erano tutti i socialisti , con la delegazione, e mangiavano… A un certo momento Martelli ha fatto una delle figure più terribili. Ha chiamato Craxi e gli ha detto: “Ma senti un pò, qua ce n’è un miliardo e son tutti socialisti?”. E Craxi gli ha detto: “ Sì, perché?”. “Ma, allora, se son tutti socialisti, a chi rubano?”» (Vignati, 2013: 29).

5. Grillo já tentara, em 2008, promover três referendos, tendo como alvo o establishment mediático: um, para abolir a ordem dos jornalistas; outro, para acabar com os subsídios públicos à actividade editorial e, outro, ainda, para revogar a famosa Lei Gasparri sobre o audiovisual (que beneficiara Berlusconi) (Vignati, 2013: 48).

6. Nas autárquicas de 2012, 46,3% provenientes do centro-esquerda e 39% provenientes do centro-direita (Corbetta e Gualmini, 2013: 10).

8. Os cidadãos serão «prosumers», ou seja, ao mesmo tempo produtores e consumidores de informação e, por isso, produtores e consumidores de política.

9. Como diz Piergiorgio Corbetta, o primeiro dilema é o que contrapõe local a nacional: «o movimento nasceu a nível político nas administrações locais, e eram estas que os fundadores tinham em mente quando inventaram o nome da organização política, onde as 5 estrelas significavam água, ambiente, energia, transportes, desenvolvimento, todos temas de política a nível comunal» (Corbetta, 2013: 212). De resto, a projecção a nível nacional de algo que poderia funcionar somente a nível local (inscrita na ideia de democracia participativa) caminha ao lado de outro desafio mortal, ou seja a passagem de movimento político a instituição que tem de se confrontar com as exigências da dura realidade.

10.«Il “MoVimento 5 Stelle” è una “non Associazione”. Rappresenta una piattaforma ed un veicolo di confronto e di consultazione che trae origine e trova il suo epicentro nel blogwww.beppegrillo.it. La “Sede” del “MoVimento 5 Stelle” coincide con l’indirizzo webwww.beppegrillo.it.

I contatti con il MoVimento sono assicurati esclusivamente attraverso posta elettronica all’indirizzo MoVimento5stelle@beppegrillo.it».

«Il “MoVimento 5 Stelle” intende raccogliere l’esperienza maturata nell’ambito del blog http://www.beppegrillo.it, dei “meetup”, delle manifestazioni ed altre iniziative popolari e delle “Liste Civiche Certificate” e va a costituire, nell’ambito del blog stesso, lo strumento di consultazione per l’individuazione, selezione e scelta di quanti potranno essere candidati a promuovere le campagne di sensibilizzazione sociale, culturale e politica promosse da Beppe Grillo così come le proposte e le idee condivise nell’ambito del blog http://www.beppegrillo.it, in occasione delle elezioni per la Camera dei Deputati, per il Senato della Repubblica o per i Consigli Regionali e Comunali, organizzandosi e strutturandosi attraverso la rete Internet cui viene riconosciuto un ruolo centrale nella fase di adesione al MoVimento, consultazione, deliberazione, decisione ed elezione. Il MoVimento 5 Stelle non è un partito politico né si intende che lo diventi in futuro. Esso vuole essere testimone della possibilità di realizzare un efficiente ed efficace scambio di opinioni e confronto democratico al di fuori di legami associativi e partitici e senza la mediazione di organismi direttivi o rappresentativi, riconoscendo alla totalità degli utenti della Rete il ruolo di governo ed indirizzo normalmente attribuito a pochi (www.movimento5stelle.it – Non Statuto)». Este não-estatuto foi redigido por Beppe Grillo e pelo seu Spin Doctor Gianroberto Casaleggio (Vignati, 2013: 40).

11. Para uma síntese bibliográfica sobre o «Movimento 5 stelle» veja-se Biorcio e Natale (2013: 153-154)

Os media, a rede e o poder. O caso de beppegrillo.it

João de Almeida Santos

Una reflexión sobre la política italiana sobre todo después de la victoria de Beppe Grillo en las elecciones legislativas de febrero 2013. Donde se concluye que si Berlusconi representa el último estadio de la sociedad mediática y de la democracia del público, Grillo es, en el extraordinario laboratorio político italiano, su sucesor, pero en el interior de un nuevo y revolucionario paradigma comunicacional y político. Hemos así pasado de los «catch all media» e de los «catch all parties» a un nuevo modelo reticular de comunicación y de política: «catch all net», con su nuevo modelo de poder, el poder diluido, en su recuadro digital.

Una riflessione sulla política italiana sopratutto dopo la vittoria di Beppe Grillo nelle politiche del febbraio 2013, dove si conclude che se Berlusconi rappresenta l’ultima fase della società mediatica e della democrazia del pubblico, Grillo diventa, nel straordinario laboratorio politico italiano, i suo successore, però all’interno di un nuovo e rivoluzionario paradigma comunicazionale e politico. Siamo, così, passati dai «catch all media» e dai «catch all parties» ad un nuovo modello reticolare di comunicazione e di politica: «catch all net», con il suo nuovo modello di potere, il potere sciolto, nella sua cornice digitale.

Os factos

O que se passou nas recentes eleições italianas de Fevereiro de 2013 merece uma profunda reflexão. Porquê? Porque um movimento saído (quase) do nada se transformou na primeira força política italiana. O «Movimento Cinque Stelle», de Beppe Grillo, obteve na Câmara dos Deputados 8.689.458 votos, equivalentes a 25,55% do eleitorado que votou. Este resultado fez dele a primeira força política italiana, à frente do Partito Democratico (de Bersani) e de Il Popolo della Libertà (de Berlusconi). Mario Monti («Rigor Montis», como lhe chama, ironicamente, Grillo) ficou-se pelos 8,30%. Grillo e Berlusconi foram os grandes vencedores das eleições. Tendo-se tornado um proscrito do sistema televisivo, depois de ter contado na TV uma sarcástica anedota sobre os socialistas de Bettino Craxi, o então Secretário-Geral do PSI, Grillo fez da sátira política o centro do seu discurso, nas praças, teatros ou pavilhões desportivos italianos, mobilizando um público farto da classe política, daquela «Casta» de que falam Sergio Rizzo e Gian Antonio Stella no livro demolidor e de estrondoso sucesso «La Casta» (Milano, Rizzoli, 2007, já com 20 edições no mesmo ano). O seu blogue surge em 2005, mas poucos anos depois já era considerado, por The Observer e pela Revista Forbes, um dos mais influentes do mundo. O movimento M5S é criado em 2009, iniciando a sua movimentação nas eleições autárquicas e reforçando cada vez mais o seu peso político (obteria 4 presidências de Câmara nas eleições autárquicas de 2012, entre as quais a de Parma). Não se trata de um movimento qualquer. Movimento da rede, vive da revolta ética e de uma retórica cómico-sarcástica contra a classe política e contra o establishment mediático. Nasceu, desenvolveu-se e consolidou-se na rede: beppegrillo.it. Tal como Berlusconi, também Grillo se alimenta da revolta ética, mas no interior de um novo paradigma: movimento reticular, procura dar voz à novíssima onda dos «indignados». Do que se trata é de algo muito forte que vem emergindo na sociedade, sem que os agentes tradicionais (partidos) lhe estejam a dar a devida atenção, não só incorporando esta nova lógica da comunicação, sem fins puramente instrumentais, mas sobretudo reconfigurando-se radicalmente em função do novo paradigma emergente e captando eleitoralmente significativas faixas eleitorais provenientes quer do centro-esquerda quer do centro-direita (nas autárquicas de 2012, 46,3% provenientes do centro-esquerda e 39% provenientes do centro-direita  – Corbetta e Gualmini, 2013: 10).

Catch all net

A verdade é que se Berlusconi representou, a seu tempo, uma viragem relativamente à forma tradicional de fazer política, radicalizando o modelo mediático de comunicação política, «catch all media», que em teoria política se chama «catch all party», e invertendo a fórmula clássica da relação entre a oferta e a procura (a procura passava a anteceder a oferta, exactamente ao contrário do que acontecia na fórmula clássica) agora, Beppe Grillo está a fazê-lo também, mas traduzindo em política a emergência da rede nas nossas vidas e a sua extraordinária capacidade de mobilização instantânea, apelando a todos sob a forma de apelo a cada um, individualizado: «catch all net». Castells chama-lhe «mass-self communication», comunicação individual de massas. A rede permite a emergência da singularidade sem recurso a organizações, apoios, gatekeepers, dinheiro: «somos todos jornalistas», diz Grillo. Requer simplesmente genialidade individual, recursos intelectuais, criatividade, inovação na narrativa. Grillo começa a propor formas de democracia pós-representativa, ou seja, à medida que vai criticando a velha forma de representação política separada («to change [Italy], politicians have to be replaced by the citizens») propõe, no programa político que apresentou aos italianos (veja-se www.movimento5stelle.it e www.beppegrillo.it), uma «cidadania digital» obtida à nascença e concretizada através de um acesso universalmente gratuito à rede: «cittadinanza digitale per nascita, accesso alla rete gratuito per ogni cittadino italiano». Por outro lado, as decisões relevantes são postas à discussão no sítio do M5S. Os temas – para além (a) da crítica às elites políticas e mediáticas, (b) da promoção de uma cidadania digital que substitua a velha representação centrada na separação entre governantes e governados entre produtores de informação e cidadãos, e (c) da promoção da rede e dos instrumentos digitais como meios de libertação – são mais próprios dos movimentos do que dos partidos: água, ambiente sustentável, energia, transportes, desenvolvimento, alimentos de qualidade, conectividade. Os cinco primeiros objectivos correspondem, como diz Elisabetta Gualmini (Corbetta e Gualmini, 2013: 12), às cinco estrelas inscritas no nome de um movimento, o M5S, que não é verdadeiramente um partido. Melhor: que é uma não-associação, como se autodefine1. Na verdade, o M5S, tal como o define o sítio do movimento (agora em beppegrillo.it), é:

«una libera associazione di cittadini. Non è un partito politico nè si intende che lo diventi in futuro. Non ideologie di sinistra o di destra, ma idee. Vuole realizzare un efficiente ed efficace scambio di opinioni e confronto democratico al di fuori di legami associativi e partitici e senza la mediazione di organismi direttivi o rappresentativi, riconoscendo alla totalità dei cittadini il ruolo di governo ed indirizzo normalmente attribuito a pochi».

Como se vê, o M5S é uma «livre associação», ou seja, uma associação aberta a todos os cidadãos, sem as mediações de estrutura próprias de partidos ou associações que filtrem os actos de uma cidadania livre, através de uma dinâmica representativa. À totalidade dos cidadãos está confiada aquela capacidade de orientação e de governo que antes estava confiada somente aos representantes. E como? Através da Rede. O processo está descrito no «Codigo de Comportamento dos Eleitos do Movimento 5 Estrelas no Parlamento»: «L’obiettivo principale dei parlamentari eletti è l’attuazione del Programma del M5S, in particolare per i principi della democrazia diretta come il referendum propositivo senza quorum,  l’obbligatorietà della discussione parlamentare con voto palese delle proposte di legge popolare e l’elezione diretta del parlamentare». Os cidadãos poderão votar, na Rede (no Portal do movimento), propostas de lei que, em certas condições, deverão depois ser apresentadas pelo Grupo Parlamentar do MoVimento:

«Le richieste di proposte di legge originate dal portale del MoVimento 5 Stelle attraverso gli iscritti dovranno obbligatoriamente essere portate in aula se votate da almeno il 20% dei partecipanti. I gruppi parlamentari potranno comunque valutare ogni singola proposta anche se sotto la soglia del 20%».

Não há, pois, dúvida de que o M5S se constituiu como um canal de comunicação da cidadania com a mais alta instância do poder, da forma mais expedita de que há memória, através da rede, dando uma nova configuração ao velho procedimento de iniciativa popular, agilizando-o não só através da funcionalização do grupo parlamentar ao instituto da iniciativa popular, mas também baixando drasticamente as exigências regulamentares, designadamente no número de intervenientes no processo – Portugal: são necessários 35.000 eleitores intervenientes no instituto da iniciativa popular, designada por «iniciativa legislativa dos cidadãos» (n.º 1, art. 6, Lei 17/2003, de 4.06, com as alterações introduzidas pela Lei 26/2012, de 24.07); Espanha: necessários 500.000 eleitores (n.º3 do art. 87 da Constituição espanhola); Brasil: necessário 1% dos eleitores, distribuído por um mínimo de 5 Estados federados  (§2 do art. 61 da Constituição brasileira) .

Se o instituto da iniciativa popular, tal como o referendo, era um instituto de democracia directa enxertado no sistema representativo, esta prática do M5S parece inscrever-se numa lógica inversa, a de usar instrumentalmente o sistema representativo para introduzir em pleno a democracia digital directa. «Obiettivo, nemmeno tanto implícito», dizem Gianluca Passarelli, Filippo Tronconi e Dario Tuorto, em «Una rivoluzione democratica o solo un altro partito?» (Corbetta e Gualmini, 2013: 123), «è quello di innescare una rivoluzione democratica, improntata alla partecipazione diretta dei cittadini nella gestione della cosa pubblica, in antitesi con il modello di democrazia rappresentativa».

Democracia digital

O M5S, por um lado, não surgiu promovido pelos «media» e, por outro, não resultou directamente de movimentos orgânicos. O «M5S», de beppegrillo.it, é um movimento que nasceu, cresceu e se desenvolveu na rede, sobretudo a partir do Meetup de 2009, sob a batuta do cómico-político, único proprietário da «marca» «MoVimento 5 Stelle» («Il nome del MoVimento 5 Stelle viene abbinato a un contrassegno registrato a nome di Beppe Grillo, unico titolare dei diritti d’uso dello stesso»), ainda que apoiado pela empresa de Gianroberto Casaleggio, a «Casaleggio Associati», que lhe prepara e desenvolve todo o processo organizativo e comunicacional. A seu tempo, já fora muito estranho que um empresário de «media», através de uma auto-organização política desenvolvida ao longo de cerca de nove meses, acabasse por chegar a Primeiro-Ministro, rompendo com uma antiga tradição de separação funcional entre gestão da economia e gestão política. A sua retórica fora a mesma de Grillo: fora com os «politicanti senza mestiere», os politiqueiros sem profissão! Uma retórica fundada na revolta ética contra a velha classe dirigente devastada pelo furacão de «tangentopoli», sobretudo democratas cristãos e socialistas, mas fundada também na exigência de entregar a política a pessoas que tivessem profissão fora da política. O mesmo que agora reivindica, de forma mais radical e alargada, Beppe Grillo. Berlusconi quis tirar a gestão política das mãos dos políticos «sem profissão», entregando-a a profissionais de sucesso, como ele próprio. Grillo quer entregar a política aos cidadãos, acabando com a representação. O primeiro vivia no mundo dos «media» e, a partir daí, fez o assalto ao Poder, concebendo a política como «continuação do audiovisual por outros meios». Agora, o segundo, que já vive no mundo da rede e que recusa também o establishment mediático (no Código de comportamento dos eleitos do M5S no Parlamento existe uma cláusula que aconselha os Deputados a evitar os «talk shows» televisivos: «Evitare la partecipazione ai talk show televisivi»), quer acabar de vez com a representação política, transformando a democracia italiana em «democracia digital». Se o primeiro ainda via a política como assunto de elites, o segundo vê-a como assunto de cidadãos ou, melhor, de internautas. Grillo fala de «cidadania digital» e de acesso universal gratuito à rede. E o seu «spin doctor», Gianroberto Casaleggio, até já publicou um vídeo com as grandes linhas da nova utopia: «gaia – the future of politics». (http://www.youtube.com/watch?v=sV8MwBXmewU ).

Conclusão

Não há dúvida que o caso italiano confirma o que muitos vêm dizendo há muito tempo. Ou seja, que a política não só já não pode prescindir da rede, como também já não pode prescindir da lógica que a rede induz: a lógica de um «poder diluído» (Jesús Timoteo) que é mais amigo do indivíduo singular do que das grandes organizações, políticas ou mediáticas. Pelo menos, no que diz respeito ao processo de formação do consenso. Este processo já não pode ser abordado com a lógica das grandes organizações, mas sim com a lógica da rede, que é a do indivíduo singular e interactivo. Ou seja, a rede não é um mero instrumento – igual aos outros – para chegar ao maior número possível de eleitores. Ela é muito mais. Foi por isso que a partir dela se começou a construir muitas utopias de democracia directa. O M5S está a tentar fazê-lo no seu interior. Só que a coisa está a revelar-se muito complexa, sobretudo após as recentes eleições legislativas, quando o M5S foi convocado, de forma muito substancial, à gestão de um poder institucional dotado de regras muito bem definidas para o exercício do poder. Se é verdade que no processo de construção do consenso a rede é cada vez mais decisiva, também é verdade que não só a lógica de poder diluído que ela induz é altamente problemática: (a) quando se trata de gerir o poder institucional, (b) com as regras que o próprio exercício decisional no interior das instituições políticas supõe, (c) com as teias de compromissos que a decisão política exige, (d) com as malhas constitucionais que delimitam o alcance das decisões, (e) com os corpos sociais organizados em torno dos seus interesses e das suas indiossincrasias e (f) com a velocidade de decisão necessária e os imprevistos que sempre acompanham o exercício do poder! A experiência de Grillo será muito útil para se compreender a outra face da Rede, ou seja, a do directo embate com a concreta gestão do poder. Se é claro o papel da rede no processo de acesso ao poder, já não é assim tão clara a conversão deste mesmo processo em termos gestão ou de exercício do poder institucional. E a grande questão reside numa simples palavra: representação.

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Bibliografia

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3. Corbetta, P. e Gualmini (Org.) (2013). Il partito di Grillo. Bologna: Il Mulino.

5. www.beppegrillo.it.

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Notas

1 « Il “MoVimento 5 Stelle” è una “non Associazione”. Rappresenta una piattaforma ed un veicolo di confronto e di consultazione che trae origine e trova il suo epicentro nel blogwww.beppegrillo.it. La “Sede” del “MoVimento 5 Stelle” coincide con l’indirizzo web www.beppegrillo.it.

I contatti con il MoVimento sono assicurati esclusivamente attraverso posta elettronica all’indirizzo MoVimento5stelle@beppegrillo.it».

«Il “MoVimento 5 Stelle” intende raccogliere l’esperienza maturata nell’ambito del blog http://www.beppegrillo.it, dei “meetup”, delle manifestazioni ed altre iniziative popolari e delle “Liste Civiche Certificate” e va a costituire, nell’ambito del blog stesso, lo strumento di consultazione per l’individuazione, selezione e scelta di quanti potranno essere candidati a promuovere le campagne di sensibilizzazione sociale, culturale e politica promosse da Beppe Grillo così come le proposte e le idee condivise nell’ambito del blog http://www.beppegrillo.it, in occasione delle elezioni per la Camera dei Deputati, per il Senato della Repubblica o per i Consigli Regionali e Comunali, organizzandosi e strutturandosi attraverso la rete Internet cui viene riconosciuto un ruolo centrale nella fase di adesione al MoVimento, consultazione, deliberazione, decisione ed elezione. Il MoVimento 5 Stelle non è un partito politico né si intende che lo diventi in futuro. Esso vuole essere testimone della possibilità di realizzare un efficiente ed efficace scambio di opinioni e confronto democratico al di fuori di legami associativi e partitici e senza la mediazione di organismi direttivi o rappresentativi, riconoscendo alla totalità degli utenti della Rete il ruolo di governo ed indirizzo normalmente attribuito a pochi (www.movimento5stelle.it – Non Statuto)».